martes, 22 de diciembre de 2009

Contienda de mis yo.


  • Inmensa como un muro fuerte.
  • ¡Resistente!
  • ¿Imbatible?
  • Triunfadora
Tengo en mi bolsillo casi todas las metas cumplidas, por lo menos todas las que esperaba alcanzar. No me defraudé, ni tampoco -hasta el momento- creo haber defraudado a nadie que no sea a mí misma. (Señoras y señores, con ustedes: las paradojas de mis letras -o de mi vida.-)
Habiendo recapitulado, entonces, todas estas cualidades (según las llama la gente, no es que yo piense que lo sean) creo que sí... Me sentía así hasta hace un rato.
Pude, sin embargo, percibir el hedor de una calma que, complaciente como todas las calmas, me espiaba desde un rinconcito. Entonces ese mismo hedor se acercó de puntillas hasta mi nuca y amagó y sopló despacio y me dijo suavemente: "Vas a recordar lo que verdaderamente es ser vos."
Y a partir de ese momento dejé de ser inmensa, resistente, tal vez imbatible, para nada triunfadora. Devine en otro ser completamente alterno, paralelo y rondante. Todos se dieron cuenta de que quien allí sentada hincaba su mirada en un punto fijo ya no era yo. Era mi otro yo que echaba de menos "Esta(-)pena" y decidió hacerme una visita, obligándome a ausentarme durante un período indefinido de tiempo, jugando con el rostro cuya expresión vacante esperaba un alma que lo habitara.
Para que ustedes me entiendan mejor voy a intentar definir esta nueva persona que me habita, quien dueña de mi cuerpo y de mis actos, quien dueña de mí, no soy yo:
  • Diminuta, como los juguetes en miniatura que los niños tienen como cliché introducirse en la nariz.
  • Aplastable y blandengue.
  • Perdedora.
  • Insignificante.
¿Qué tal cómo les va todo bien? Me llamo Auto-no-estima y según la "Irreal Academia de Ninguna Parte" consisto básicamente en una "Desvaloración negativa sobre uno mismo". Me dedico a buscar individuos al azar y me centro en aquél cuyo brillo de ojos denote más susceptibilidad, entonces camino de puntillas, lo saludo cuando éste aún está de espaldas y sin más rodeos me introduzco en él. A veces me cuesta un poco hacerme mi lugar entre tanta alma y sentimientos y tontería, -quien más trabajito me da es la fortaleza mental-, pero al final siempre me las apaño para desplazar todo aquello que pueda despertar el más mínimo atisbo de gozo, y una vez acomodada apoyo un pie en cada hombro y comienzo a saltar. Con la mayor cantidad de energía posible, así me aseguro de que el elegido perciba mi trabajo en las condiciones que corresponden, no sea cosa que reciba quejas de la clientela.

Hola, soy yo otra vez. Bueno, no exactamente yo, ahora mismo escribe mi otra persona, grabando en un grito de abecedario el suplicio en el que se ve encorralada.
Si les digo la verdad... No me preocupa. Sé que mañana me voy a levantar, cada pestaña de a poquito se irá despegando sin dificultad de su homóloga inferior y otra vez seré yo y me sentiré bien...

...

Ja, no os lo habéis creído a que no. ¡Yo tampoco! Mañana me voy a levantar, con sueño, con dueño, con quejas, y seguiré igual de chiquita y aplastable... Como esa hormiguita de la que te hablé una vez... ¿Te acordás?
Me parece -y creo estar ciertamente en lo cierto- que toca resignarse. En eso encuentro mi verdadero yo: En una masa de sustancias abstractas (algunos lo llaman personas, pero suena un poco vulgar, ¿no les parece?), inestable y eternamente titubeante como nadie. ¿Qué culpa tengo yo de no ser lo que querría ser? ¿Qué culpa tiene el tomate...? [Estás en todas partes.-]
Pero aún así me elijo. Te elijo. Elijo el nosotros y elijo a alguien que se hace llamar Magui, que se quiere un poquito y se odia mucho más.
Débil o ganadora, ¿a quién le importa? Yo ya elegí. ES LO QUE HAY.

lunes, 7 de diciembre de 2009

S e m e g a s t a r o n l o s b e s o s.-

Como cuando era peque. ¿Hoy en día se podrá recargar?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Parodia amistosa al invierno.



Hoy inevitablemente toca. Ya por la mañana el pelo mojado provoca que el vello de mis brazos se erice mientras que un escalofrío helado me sopla despacito en la nuca. Me doy cuenta de que tengo frío y de que esa sensación pega más fuerte que el estremecimiento engendrado por la canción que suena en mis oídos.
Bueno. Al mediodía todo parece ser cálido otra vez. La chaqueta de algodón -finita y desteñida- cuelga de mi mochila arrastrada por la fatiga de una cuesta irrevocable... Pero entonces llego a casa, y ya sin cuesta ni mochila, el cuerpo no me pesa y es entonces cuando, otra maldita vez, exhala en mis adentros el escalofrío matutino -ya vespertino, crepuscular, naciente-.
Al comienzo de mi día abro las puertas del armario y me debato entre la más desagradable disputa que se levanta entre la ropa: Ahí la veo, calladita, se ríe de modo un poco cruel. Sabe que tarde o temprano me va a ganar, y voy a tener que descolgarla, cortarle la etiqueta y entonces (aunque no quiera) usarla. Sí, la CAMPERA -o sea "chaquetón", lectores ibéricos- me llama. Sus botoncitos marrones señalan la ventana y observo a través de ella que no hay sol, no hay playa, no hay sandalias, no hay... ¡¡El invierno se lo come todo!!
¿Acaso soy el único ser viviente al que le afecta sobremanera el cambio natural de estaciones?Creo que el calentamiento global y yo podremos ser grandes amigos (el Protocolo de Kioto no es más que hipocresía política, nadie lo cumple). De hecho, mi nuevo aliado ya me proporcionó sequía hasta bien adentrado el mes de noviembre. ¿No es eso algo de agradecer para alguien como yo? Aplazo así el cambio metabólico y anímico que supone tener que abrigarse.
Bah... ¿A quién voy a engañar? Si ahí las veo, a sus garras, su sarna, su risa malévola se infiltran entre mis sábanas haciéndolas finas e insuficientes, y entonces abro el baúl y extraigo de él un elemento un poco inflado y muy calentito: el acolchado -leyente hispano lo siento, hago referencia al edredón-.
Ahora me voy, porque el invierno me llama a la calle y los botoncitos marrones gritan que este es por fin el momento de estrenarlos. No importa, el orgullo se refortalecerá dentro de unos meses... ¡Hay que ver cómo se burlan!

martes, 10 de noviembre de 2009

Hey Jude - The Beatles

lunes, 9 de noviembre de 2009

Borracha, perdida, miedosa.

Hoy te dudo. Me escondo en el resquemor que solía atemorizarme a mí, en esos tiempos cuando la sábana sutil de mis pasiones amamantaba nuestros pies desnudos. Ahora yo toco su puerta cual verdugo con su cuchilla. Limpieza perecedera yace en el filo.
Porque las entrañas ya no tienen fuerza ni valor (aún menos que el que nunca tuvieron). Porque en la saliva, que se funde como plata, como ratas, como un abra cadabra de la mag(u)ia que extraño, ya no soy yo quien disuelve su lengua en busca del clamor pequeñito que se te cayó del bolsillo, por el camino, se escapó con un hato, chiquitito, a cuestas.
Te recorrí de uñas a pestañas, pocos licores y mucho veneno me tomaron, me bebieron; los quise tocar, los quise lamer, los quise... Te busco la arena en los poros de mi mal, me busco exhausta en el ahogo de un abrazo ausente. Camino en círculos porque sé que sus vértices me deparan la sorpresa denunciante de mi culpa, de mi alma –mustia-...
No sé. Oteo horizontes en estas uñas huesudas ritmosas penitentes incrustadas. Oteo una vida sin, desespero ante ella y me echo atrás. Con los licores de antaño me emborracho en tus pupilas, moreno telón de mis remembranzas: adictiva agua me inyecto en ellas. Buenas noches.

viernes, 16 de octubre de 2009


La voz que nace de mis entrañas. Esa que grita un disimulo perpetuo, que yace enterrada bajo las cuerdas más absolutas. ¿Dónde estás?
La voz que sangra de mis entrañas, la que ahogada en desafino buscó un refugio demasiado bueno como para acallarla. ¿Dónde estás?
Muchos te tienen y orgullosos me guían hacia la inexistencia más vacía. Necesito soltarte y que te suelten.
La voz que absorve mis entrañas. Esa que resuena en mi pared mojada, la que miente por sí misma. ¿Dónde estás?
La voz que resguña en mis entrañas. Tenés que ser tan tímida que un día vas a querer salir y no te vas a encontrar.
La voz que ante la gente se empequeñece, la voz que no querida es la más perfecta.
La voz de mis pupilas opacadas ante la petición; la voz de mi vergüenza, envidiosa, viciosa.
La voz que se escabulle dentro de mis rincones. Llena de polvo, la que ensucia. Llena de oro, la que brilla.
La voz de mis delirios. Esa que es yo. La voz que no puede mentirme; ¡que me obliga a mentir!
La voz de mis ensueños.
La voz de todos mis dolores.
La voz de mis entrañas.

domingo, 23 de agosto de 2009

Estepona - 0:59 a.m - 16/05/09 -Sábado


Animales
no saben la cruz que esconde el oro,
astillas de la madera
que perfora la mente de miles,
que potencia la estima
a un pobre conformismo
revestido en años de vejación.

Mientras el bordado de una mirada
construye ante ojos fieles
un velo denso e impenetrable
tras el cemento de ruinas,
esculturas sin pupilas
quemadas por el fuego de esa voz.

No somos ante nadie,
puesto que Nadie sabe
que Él es una amarga invención
de aquél ocaso en el que gritaban
muerte al hereje
quien sólo pretendió
un poco de cerebro
entre tanta ambición.

Campanas doradas sumidas en
la fumata que abarca,
desgarra,
amaña cámaras de crepúsculo,
mientras tanto
busca cómo acabar con el circo.

Habemus Mortem

lunes, 27 de julio de 2009

Damien Rice - 9 Crimes

lunes, 20 de julio de 2009

Sans titre approprié.


El hierro de semejante Tour Eiffel, que sabes que todos te quieren.
Rimmel pegajoso en tus pestañas extra-large, champán en el bolso, Armani en tus pies, ¿lista para atacar?
Yo sé que te gusta lo que no te pertenece, pero te las apañas, muñeca de porcelana, La France te añora y yo aquí te detesto.
Una copa, dos o tres; le falta el condimento a esa colilla mal apagada y aunque no quieras nada, todo lo pides porque todo te lo dan.
Fuera de mí (moi aussi) te eligiría a ti, bestia sensual de todos los deseos, no te quiero ver cerca de mi plato.
Qué ansiedad más sucia me desencaja el estómago cuando te veo; naciente del instinto más inconsciente de arrancarte tus negras pupilas, quitarte unos cuantos centímetros, darte un poco más de laideur.
Esos labios que tanto miras ya los probaste y ahora no te eligen.
Mon chérie, le jeu doit finir, s'il te plaît.

jueves, 25 de junio de 2009

No lo niego

Ya no sirve de nada. Te crees fuera de la burbuja pero en realidad estás dentro. Tus turquesas brillan bajo el Amazonas negro. Sonríen esos labios que podrían arropar otros millones que deliran -deseosos- ser atrapados por tu saliva espesa. Vasallos sometidos al señor. Súbditos del níveo monarca.
Lo cierto es que siempre estuviste. Tus curvas me cortaron antes, no eras buena y te imaginé lejos. Ahora realmente te siento, amenaza, no es el momento indicado para forzar el abrazo ajado La sangre que limpié aún deja manchas sobre este delantal, delgado y asustado -cubre mis caderas-.
Ojalá te quedases entre tinieblas y lluvia, borrosa, no te conoceré si no te acercas. Penetras entre bosques que no son tuyos, inocente; quiero hincar mis dientes en tu carne y desgarrarte, por momentos. No lo niego. Hoy no soy capaz de aguantarte.
Majestuosa entras por la puerta, sin tela que cubra tus encantos de tímida fiera. Te odio y te sientas. Y así me encuentro ante vasos rotos, calavera de mis deseos: pesadilla después del fuego. Y en una cama encuentro a la multitud ante un cuerpo que quiere estar solo, creo que me contaminas, el miedo disfrazado de destemplanza.
Podemos intentar jugar con la desentendida indiferencia, mi puño desencajado besa la fuerza contenida. Tal vez no tenga nada en contra. No percibo nada a favor...
Ya no tengo opciones. Debo envidiarte en silencio. No hay lucha venidera pues la lucha ya acaeció y luego de ella nos dimos cuenta de que no éramos tú y yo las rivales si ambas perdimos.
Quisiera indiferencia, en su plato y en el mío. Quisiera menos claridad. Tu luz me ciega, belleza, no te acerques demasiado ni a mí ni a mi ingenuidad. Y puede que debas tener cuidado con la tuya.
Paraíso natural en tu cuerpo. ¿Qué hay en mí?

sábado, 2 de mayo de 2009

Reencontrada ante la espada.


Cayendo en el mercurio de tus labios. Mañana otra vez. Me acerco de a poco al segundo certero en el que las dos pieles tan antiguamente cercanas serán lejanas ante extraños brazos alrededor de nuestras cinturas.

Permanente el latido de los cortes sangrantes, rebosando de su cause el caudal más rebelde.

No quiero ver al asesino casual de mis sentidos. Esbozando palabras que vagan en el aire; no hay sonido que represente mis temores.

Basta sólo con saber la nada que ni siquiera existió. Basta con ser consciente de que el beso traidor de una mentira en el sosiego se murió.

viernes, 24 de abril de 2009



Yacen tus labios ambiciosos
sobre mi vientre.
Se escurren tus dedos
como tormenta que amenaza
me abraza,
fría calculadora de tentación.


Hoy es,
como unidad impenetrable,
un bosque
nuestro cuerpo
ante las cosquillas de
la fuerza superior que
nos invoca:
riesgosa provocación.

Lejos, te quiero lejos
donde no me resultes tan fácil.
Martirio olvidado,
no vuelvas.
Quedate... cerca.

Pelaje
salvaje
sobre esos ojos que rugen
ante mi boca
indecentes deseos
de mis uñas:
inconfesable adicción.


Volando mientras
el suspiro agónico
de no llegar a ti.
Deseosa caricia
pecaminosa obsesión.

Llorando el rojo
que derrocha tu lengua,
que desciende pero no asusta,
que miente ante la confesión
de buscar un poco más.

lunes, 20 de abril de 2009

Nada amanece como objetivo de mi ansiedad. Miro hacia adelante y no veo nada diferente. Hay gente, hay tiempo y hay acciones. Todas en sendos caminos impenetrables. Sin fundirse, paralizados ante vidas tiesas y vacías cuyos acontecimientos predestinados son como juguetes fabricados en serie.
C'est fini, mon amour. Le jour est mort.
¿Hay alguien que me escuche? ¿Hay alguien que me ayude a escapar?

domingo, 12 de abril de 2009

Palabras.-

Escribir. Escribir para nadie. Escribir para mí. ¿A quién se dirigen todas estas palabras entrelazadas? ¿Qué ojos las consumen y, sin embargo, no les hacen el amor como lo hago yo?
¿Tú las estás leyendo en este momento? Entonces se dirigen a ti. Si quieres como dagas, si quieres como un beso.
Surgen sin más. Brotan de las teclas; aparecen tatuadas en la pantalla. No me piden permiso, insolentes, para desnudarme ante la idea sedienta que transita por mis yemas. Tan sólo nacen. Duelen como el parto de una expresión rotunda y, aún así, nunca llegan a ser lo que soñé mientras las engendraba.
¿Y ahora qué? ¿Se apagó la ráfaga arrasadora de toda razón? No, aún hay más. Aún hay mucho que decir; lo que falta son las formas. Porque a veces por mucho que lo intentemos, ante la mayor de las intenciones, nunca mostramos lo que realmente queremos mostrar. La sangre hierve ante esa impotencia indeleble de nuestra mirada, quien observa el hijo bastardo que no es lo
que quisimos que fuese.
¡Aúllen! ¡Aúllen lo que yo no soy capaz! Últimamente nunca puedo. Paralizada. Temor imperante se erige ante mi extrema pequeñez. No llego a ser nada. No llego a ser mi fin.
Palabras de bolsillo, os guardo en el fondo de un agujero arenoso, en un pantalón desgastado, tal vez. Os guardo donde os podáis perder, y así, cuando os encuentre, será como la primera vez.

sábado, 11 de abril de 2009

Free as a bird // Sabrina, la bruja adolescente





Esta mañana me desperté con los ojos más pequeños que nunca. El cuello agarrotado, los dientes chirriando y el pelo alborotado. Con las piernas encogidas ocupaba sólo un tercio de la cama.

No hubo luz. Hoy la persiana estaba bajada. Las sienes latían y delataban. Mis pupilas poco a poco fueron creciendo ante el encontronazo de lo onírico con la vida real. Lo malo fue darse cuenta, una vez más y como todos los días, que en esa vida real no había nada nuevo. Los muebles estáticos, el desorden igual de desordenado. La espera continuaba sentada en el zaguán de la paciencia.

Entonces miré el techo intentando calmar el dolor cervical. ¿Para qué levantarme si despierta o dormida nada cambia? Acostada sobre un colchón traicionero, cómplice de secretos. Allí me quedé.

martes, 7 de abril de 2009

Verano.


Una mañana limpia
pretende ser ese futuro tan anhelado.
Eso es hoy y ahora.
Quiero serlo yo también.
Hoy.


Siempre esperando.
Siento el calor que se acerca;
respira sobre mí y se aleja;
me tienta y desnuda.
Me siento perecedera.


¿Cuánto va a durar
esa caricia sensible,
mi amor,
que se levanta
y me abandona?


¿Por qué no corremos?
Transpirar lo que extraño.
Reír lo que no tengo.
Corramos.
Alejarme del hielo perpetuo.


Vení, curame
esta enfermedad crónica,
mi blanca piel te ordena.
La arena clavada en los poros,
fría; no es lo mismo.


Ante miedos
riesgo lejano
ahora te quiero cerca,
no hay cansancio ante mi llamada:
Volvé.

sábado, 4 de abril de 2009

04/04/09 - 19:59 - Estepona

Tímida. Desnuda ante un cielo que se cae sobre mí. Imberbe ante ese mismo cielo que hoy, hoy no es tan pesado.
El día, con sus segundos, sonríe mientras una brisa pálida se deja ver ante mis ojos antiguos. Más descarados que nunca.
Ahora escribo. Me quito la piel; los sentidos. Sin sollozos y sin esclavos. Cadenas de curiosidad que explotan ante notas que no puedo reconocer; que me intentan decir algo que no soy capaz de descrifrar. Ya no es la primera vez. Ya nunca lo será.
Espera la noche. Hoy toca crecer.

jueves, 2 de abril de 2009

23:56 p.m - 12/11/08 - Estepona


Mejillas embebidas en lágrimas.

-Quiero estar sola.

Entonces se levantó y, perdiéndose en la neblina de las distancias, se disipó en pasos frustados.
Una luna llena intensa, blanca, falsa, la perturbaba en su caminata a la respuesta. No funcionó, dicen por ahí... Pero lo hizo. En realidad lo hizo. En los labios tatuados, en ecos salvajes de palabras ausentes, en kilómetros, en las calles, en... No, no funcionó.
Las memorias indelebles aferradas a sus uñas marchitas marcaban las doce del mediodía de una nostalgia impenetrable. Amazonas de sus sentidos.
La arena gruesa se colaba entre los bolsillos rebeldes de un cuerpo agotado. Rebeldes por los agujeros de sus memorias. Agotado por utopías eternamente inalcanzables.

Pensó que ahora caminaba sólo a donde quería ella. ¿Pero a dónde quería dirigirse? El mar, filosa superficie plateada, reflejaba un destino lejano nostálgico del pasado.
¡Cuántos kilómetros la separaban de aquellos días de circos y labios ansiosos!
Pero la verdad es que ahora podía ver con claridad que no estaban tan ansiosos como a ella le parecía.
Melancolía, amiga eterna sin memoria o con demasiada. Por fin había logrado deshacerse de vos, y volviste porque siempre te resultó un hogar increíblemente cómodo.
El aire se enfriaba al compás del alma. Casi hielo. Casi lágrima. Casi se sintió feliz.

Sin poder esperar algo que ya pasó. La gente no caminaba: movía los pies al compás de sus cuerpos inhertes.
Mi amor, ¡qué días los que te quise!

Mi amor, ¡qué días los que era capaz de reconocer que lo hacía!

Escribir desde el dolor.


Sentada otra vez con un teclado delante. Sentada otra vez y enfrentada, una vez más y después de mucho tiempo, contra palabras como dagas afiladas e insaciables. Tercas como la razón. Sucias como su decisión correcta.Admirando, como nunca, el talento para escribir desde el dolor. Mi inutilidad para ser feliz y crear, a la vez, para que los demás disfruten tanto como yo. ¿Egoísmo? ¿Inconsciencia? ¿Por qué la felicidad es capaz de destruir la inspiración? Mensajera sólo de desconsuelo sagaz y penetrante.Llorando, tal vez, por dentro. Rota, seguramente, por fuera. Hecha añicos por el miedo, ni mínimamente engrandecida por la realidad. Mi realidad onírica, la realidad perecedera. Agonizando el camino de las horas largas cuando espero algo. Transitando la ruta de segundos fugaces como segundos cuando ese algo ya está entre mis manos. Algo hermoso. Algo no tan ideal.¿Qué viene ahora, entonces? ¿Viene esperar? ¿Viene desesperar? Quiero delatar, sangre de sollozo, lamento penetrante.