viernes, 24 de abril de 2009



Yacen tus labios ambiciosos
sobre mi vientre.
Se escurren tus dedos
como tormenta que amenaza
me abraza,
fría calculadora de tentación.


Hoy es,
como unidad impenetrable,
un bosque
nuestro cuerpo
ante las cosquillas de
la fuerza superior que
nos invoca:
riesgosa provocación.

Lejos, te quiero lejos
donde no me resultes tan fácil.
Martirio olvidado,
no vuelvas.
Quedate... cerca.

Pelaje
salvaje
sobre esos ojos que rugen
ante mi boca
indecentes deseos
de mis uñas:
inconfesable adicción.


Volando mientras
el suspiro agónico
de no llegar a ti.
Deseosa caricia
pecaminosa obsesión.

Llorando el rojo
que derrocha tu lengua,
que desciende pero no asusta,
que miente ante la confesión
de buscar un poco más.

lunes, 20 de abril de 2009

Nada amanece como objetivo de mi ansiedad. Miro hacia adelante y no veo nada diferente. Hay gente, hay tiempo y hay acciones. Todas en sendos caminos impenetrables. Sin fundirse, paralizados ante vidas tiesas y vacías cuyos acontecimientos predestinados son como juguetes fabricados en serie.
C'est fini, mon amour. Le jour est mort.
¿Hay alguien que me escuche? ¿Hay alguien que me ayude a escapar?

domingo, 12 de abril de 2009

Palabras.-

Escribir. Escribir para nadie. Escribir para mí. ¿A quién se dirigen todas estas palabras entrelazadas? ¿Qué ojos las consumen y, sin embargo, no les hacen el amor como lo hago yo?
¿Tú las estás leyendo en este momento? Entonces se dirigen a ti. Si quieres como dagas, si quieres como un beso.
Surgen sin más. Brotan de las teclas; aparecen tatuadas en la pantalla. No me piden permiso, insolentes, para desnudarme ante la idea sedienta que transita por mis yemas. Tan sólo nacen. Duelen como el parto de una expresión rotunda y, aún así, nunca llegan a ser lo que soñé mientras las engendraba.
¿Y ahora qué? ¿Se apagó la ráfaga arrasadora de toda razón? No, aún hay más. Aún hay mucho que decir; lo que falta son las formas. Porque a veces por mucho que lo intentemos, ante la mayor de las intenciones, nunca mostramos lo que realmente queremos mostrar. La sangre hierve ante esa impotencia indeleble de nuestra mirada, quien observa el hijo bastardo que no es lo
que quisimos que fuese.
¡Aúllen! ¡Aúllen lo que yo no soy capaz! Últimamente nunca puedo. Paralizada. Temor imperante se erige ante mi extrema pequeñez. No llego a ser nada. No llego a ser mi fin.
Palabras de bolsillo, os guardo en el fondo de un agujero arenoso, en un pantalón desgastado, tal vez. Os guardo donde os podáis perder, y así, cuando os encuentre, será como la primera vez.

sábado, 11 de abril de 2009

Free as a bird // Sabrina, la bruja adolescente





Esta mañana me desperté con los ojos más pequeños que nunca. El cuello agarrotado, los dientes chirriando y el pelo alborotado. Con las piernas encogidas ocupaba sólo un tercio de la cama.

No hubo luz. Hoy la persiana estaba bajada. Las sienes latían y delataban. Mis pupilas poco a poco fueron creciendo ante el encontronazo de lo onírico con la vida real. Lo malo fue darse cuenta, una vez más y como todos los días, que en esa vida real no había nada nuevo. Los muebles estáticos, el desorden igual de desordenado. La espera continuaba sentada en el zaguán de la paciencia.

Entonces miré el techo intentando calmar el dolor cervical. ¿Para qué levantarme si despierta o dormida nada cambia? Acostada sobre un colchón traicionero, cómplice de secretos. Allí me quedé.

martes, 7 de abril de 2009

Verano.


Una mañana limpia
pretende ser ese futuro tan anhelado.
Eso es hoy y ahora.
Quiero serlo yo también.
Hoy.


Siempre esperando.
Siento el calor que se acerca;
respira sobre mí y se aleja;
me tienta y desnuda.
Me siento perecedera.


¿Cuánto va a durar
esa caricia sensible,
mi amor,
que se levanta
y me abandona?


¿Por qué no corremos?
Transpirar lo que extraño.
Reír lo que no tengo.
Corramos.
Alejarme del hielo perpetuo.


Vení, curame
esta enfermedad crónica,
mi blanca piel te ordena.
La arena clavada en los poros,
fría; no es lo mismo.


Ante miedos
riesgo lejano
ahora te quiero cerca,
no hay cansancio ante mi llamada:
Volvé.

sábado, 4 de abril de 2009

04/04/09 - 19:59 - Estepona

Tímida. Desnuda ante un cielo que se cae sobre mí. Imberbe ante ese mismo cielo que hoy, hoy no es tan pesado.
El día, con sus segundos, sonríe mientras una brisa pálida se deja ver ante mis ojos antiguos. Más descarados que nunca.
Ahora escribo. Me quito la piel; los sentidos. Sin sollozos y sin esclavos. Cadenas de curiosidad que explotan ante notas que no puedo reconocer; que me intentan decir algo que no soy capaz de descrifrar. Ya no es la primera vez. Ya nunca lo será.
Espera la noche. Hoy toca crecer.

jueves, 2 de abril de 2009

23:56 p.m - 12/11/08 - Estepona


Mejillas embebidas en lágrimas.

-Quiero estar sola.

Entonces se levantó y, perdiéndose en la neblina de las distancias, se disipó en pasos frustados.
Una luna llena intensa, blanca, falsa, la perturbaba en su caminata a la respuesta. No funcionó, dicen por ahí... Pero lo hizo. En realidad lo hizo. En los labios tatuados, en ecos salvajes de palabras ausentes, en kilómetros, en las calles, en... No, no funcionó.
Las memorias indelebles aferradas a sus uñas marchitas marcaban las doce del mediodía de una nostalgia impenetrable. Amazonas de sus sentidos.
La arena gruesa se colaba entre los bolsillos rebeldes de un cuerpo agotado. Rebeldes por los agujeros de sus memorias. Agotado por utopías eternamente inalcanzables.

Pensó que ahora caminaba sólo a donde quería ella. ¿Pero a dónde quería dirigirse? El mar, filosa superficie plateada, reflejaba un destino lejano nostálgico del pasado.
¡Cuántos kilómetros la separaban de aquellos días de circos y labios ansiosos!
Pero la verdad es que ahora podía ver con claridad que no estaban tan ansiosos como a ella le parecía.
Melancolía, amiga eterna sin memoria o con demasiada. Por fin había logrado deshacerse de vos, y volviste porque siempre te resultó un hogar increíblemente cómodo.
El aire se enfriaba al compás del alma. Casi hielo. Casi lágrima. Casi se sintió feliz.

Sin poder esperar algo que ya pasó. La gente no caminaba: movía los pies al compás de sus cuerpos inhertes.
Mi amor, ¡qué días los que te quise!

Mi amor, ¡qué días los que era capaz de reconocer que lo hacía!

Escribir desde el dolor.


Sentada otra vez con un teclado delante. Sentada otra vez y enfrentada, una vez más y después de mucho tiempo, contra palabras como dagas afiladas e insaciables. Tercas como la razón. Sucias como su decisión correcta.Admirando, como nunca, el talento para escribir desde el dolor. Mi inutilidad para ser feliz y crear, a la vez, para que los demás disfruten tanto como yo. ¿Egoísmo? ¿Inconsciencia? ¿Por qué la felicidad es capaz de destruir la inspiración? Mensajera sólo de desconsuelo sagaz y penetrante.Llorando, tal vez, por dentro. Rota, seguramente, por fuera. Hecha añicos por el miedo, ni mínimamente engrandecida por la realidad. Mi realidad onírica, la realidad perecedera. Agonizando el camino de las horas largas cuando espero algo. Transitando la ruta de segundos fugaces como segundos cuando ese algo ya está entre mis manos. Algo hermoso. Algo no tan ideal.¿Qué viene ahora, entonces? ¿Viene esperar? ¿Viene desesperar? Quiero delatar, sangre de sollozo, lamento penetrante.