Tímida. Desnuda ante un cielo que se cae sobre mí. Imberbe ante ese mismo cielo que hoy, hoy no es tan pesado.
El día, con sus segundos, sonríe mientras una brisa pálida se deja ver ante mis ojos antiguos. Más descarados que nunca.
Ahora escribo. Me quito la piel; los sentidos. Sin sollozos y sin esclavos. Cadenas de curiosidad que explotan ante notas que no puedo reconocer; que me intentan decir algo que no soy capaz de descrifrar. Ya no es la primera vez. Ya nunca lo será.
Espera la noche. Hoy toca crecer.
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