viernes, 24 de abril de 2009



Yacen tus labios ambiciosos
sobre mi vientre.
Se escurren tus dedos
como tormenta que amenaza
me abraza,
fría calculadora de tentación.


Hoy es,
como unidad impenetrable,
un bosque
nuestro cuerpo
ante las cosquillas de
la fuerza superior que
nos invoca:
riesgosa provocación.

Lejos, te quiero lejos
donde no me resultes tan fácil.
Martirio olvidado,
no vuelvas.
Quedate... cerca.

Pelaje
salvaje
sobre esos ojos que rugen
ante mi boca
indecentes deseos
de mis uñas:
inconfesable adicción.


Volando mientras
el suspiro agónico
de no llegar a ti.
Deseosa caricia
pecaminosa obsesión.

Llorando el rojo
que derrocha tu lengua,
que desciende pero no asusta,
que miente ante la confesión
de buscar un poco más.

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