sábado, 2 de mayo de 2009

Reencontrada ante la espada.


Cayendo en el mercurio de tus labios. Mañana otra vez. Me acerco de a poco al segundo certero en el que las dos pieles tan antiguamente cercanas serán lejanas ante extraños brazos alrededor de nuestras cinturas.

Permanente el latido de los cortes sangrantes, rebosando de su cause el caudal más rebelde.

No quiero ver al asesino casual de mis sentidos. Esbozando palabras que vagan en el aire; no hay sonido que represente mis temores.

Basta sólo con saber la nada que ni siquiera existió. Basta con ser consciente de que el beso traidor de una mentira en el sosiego se murió.

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