lunes, 9 de noviembre de 2009

Borracha, perdida, miedosa.

Hoy te dudo. Me escondo en el resquemor que solía atemorizarme a mí, en esos tiempos cuando la sábana sutil de mis pasiones amamantaba nuestros pies desnudos. Ahora yo toco su puerta cual verdugo con su cuchilla. Limpieza perecedera yace en el filo.
Porque las entrañas ya no tienen fuerza ni valor (aún menos que el que nunca tuvieron). Porque en la saliva, que se funde como plata, como ratas, como un abra cadabra de la mag(u)ia que extraño, ya no soy yo quien disuelve su lengua en busca del clamor pequeñito que se te cayó del bolsillo, por el camino, se escapó con un hato, chiquitito, a cuestas.
Te recorrí de uñas a pestañas, pocos licores y mucho veneno me tomaron, me bebieron; los quise tocar, los quise lamer, los quise... Te busco la arena en los poros de mi mal, me busco exhausta en el ahogo de un abrazo ausente. Camino en círculos porque sé que sus vértices me deparan la sorpresa denunciante de mi culpa, de mi alma –mustia-...
No sé. Oteo horizontes en estas uñas huesudas ritmosas penitentes incrustadas. Oteo una vida sin, desespero ante ella y me echo atrás. Con los licores de antaño me emborracho en tus pupilas, moreno telón de mis remembranzas: adictiva agua me inyecto en ellas. Buenas noches.

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