jueves, 8 de marzo de 2012

25/02/12 - 19:07 - Estepona

Morena, una pena desollada y tosca. Vagabunda de mi acento y de mi pelo. Escarmienta tu culpa sobre mi camino sin querer hecho. Y un día, en el asilo y tumbada sobre una camilla, la pena confiesa que no quiso ser ella.
Nuestra hechura, pura y dura del golpe magnánimo, del surco entre cuerpo y mano, la hechura del día contento, va buscando entre costas un pegamento para su alma rota.
Y el beso... ¡Qué decir del beso! Que me acecha como una nube del norte, que aclama y exige tres yemas de mis dedos hundidas en su fango, en su estiércol. Pegoteadas por culpa de un entrecejo desnudo; arrancadas, sin huellas, sin nada.
Con mi aliento crudo atrapo un escudo y me escapo de las rimas vulgares e internas. Me afilo y contengo entre búsquedas de hiedra. El aliento oscurece y se apaga, y mi escudo... desaparece.
Todo huele a plástico. La llama lo acaricia y arde, boca abajo, aguarda un encanto que consiga naturalizarlo. Despegarlo de un agujero sonoro, el que alguna vez lo atrajo, cuando el plástico aún se sentía seda.
Golpe de madera, instante de piedra. Aire gélido y un par de pisadas agudas entre la gravedad de la gente. Entre el humo de su espigón me pierdo y ya no sé hacia dónde miro. Aguanto un abismo torcido.
Pena, abismo, hechura y beso... Mientras tanto, yo, los dejo.

sábado, 28 de enero de 2012

Primer contacto con un fiel confidente

[Pido disculpas por llevar tanto tiempo sin actualizar, y para peor, cuando decido hacerlo, ofrezco un texto "cuestionablemente" fresco. Ya vendrán épocas de abundancia. Sin embargo, lo cierto es que el protagonista de lo que viene a continuación es el culpable de esta sequía "motivacional", pues pretende absorber todo mi tiempo...]

Estepona - 30/04/11- 20:47

Primero medito. Elijo entre unos cuantos y me entusiasmo al pensar que todos son para mí. Que están a mi disposición en cualquier ocasión que lo crea oportuno. Y para cuando no sea apropiado... también. 
Después me decido por el elegido y experimento su tacto. Este es distinto en su interior y en el exterior. Suave y brillante, blanquecino de anécdotas y secretos. Cuando me fijo mejor, se me antoja áspero, granulado y amarronado. Observo y analizo cada detalle minucioso. La imagen grisácea escondida tras letras un poco... altaneras.
A continuación, lo doblo. Lo ejercito y estiro, juzgo cada exceso o carencia. Pienso en su peso y tamaño, extensión, edad, precio (aunque este último me traiga sin cuidado, pues en cuestión de salud uno no ha de andarse con miramientos).
Paso sus páginas una a una muy despacio. Leo entre líneas fragmentos salteados, me imagino como una intrusa en medio de una historia a la que todavía no me han invitado... Aunque eso lo decido yo.
Ahora lo convierto en abanico perfumado de madera exprimida. Me sumerjo en sus olores y esencias y percibo la sutil brisa que nade como entre pétalos secos, barridas por el levante de abril.
Pienso en el material, en su aullido silencioso acallado desde un estante a la espera de decorar los subconscientes menos apremiados.
Y al abrirlo siento en un costado el remordimiento por engañar  a su fiel predecesor. Mis pupilas activas como con un caleidoscopio se enfrentan a un cosquilleo plácido que asoma tímido en mi gesto...
Sí, comenzar un libro nuevo es la mejor aventura.


sábado, 11 de junio de 2011

De tan lejos te siento pequeña.
De tan quieta añoro saborearte.
Tan astuta como los pájaros y volar,
hasta allí, princesa, volar…

Miel dulce entre mis dedos
recuerda hace siglos
tantos cuentos…
Quieto, tiempo,
que no la veo
puede que me sienta sola
sin las mejillas de mi princesa.

Si tocan a tus sueños
los monstruos de la almohada
de mi parte les dices que ya llego
a ahuyentarlos lejos de tus verdes consonantes.
Llego para ahogarme
en tus pupilas azabache.
Como fuego apagado,
carbón amargo de pena y distancia.

Espuma etérea
¡te escurrís en mi entrecejo!
Espuma dulce de los postres
rasga hoy mi adentro.
Rasga el cuándo,
rasgando el beso.


sábado, 30 de abril de 2011

06-08-2010 // 17:43 p.m. // Estepona

"El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror."

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Miedo.
Miedo de quererlo todo.
Miedo de no querer nada.
Miedo de querer demasiado.
O demasiado poco.
Porque demasiado es mucho para alguien como yo.

Miedo de pasar de tanto, a escasear.
Miedo de querer dos.
De no querer ninguno.
Miedo de olvidar mientras me recuerden.
Miedo de rememorar lo que otros arrinconan.
Miedo de un despiste en mi memoria.

Y luego sola.
Y luego atrás.
Y luego ya no.

Miedo de escupir.
Miedo al desahogo de nuestras entrañas.
Al de las mías.

Miedo al abrazo de una almohada.
Miedo de tu pelo con trenzas.
Del blues que un día fue.
Miedo de mis pasos.

Y luego me escondo,
y luego kilómetros,
y luego no estoy.

Miedo de que la tinta no se vuelque.
Miedo de que tus dedos mientan.
De que luego no seas.
De que haya ceros y escudos.

Miedo del tiempo.
De su zarpa y empuje y distancia.
Miedo de sumergirme en la marea.
Negra. Espesa. Hueca.
De no poder salir.

Miedo de unos pocos días.
Miedo del mes y del y medio.
Miedo de esconderme y no encontrarme.
Miedo de que una apariencia sea tímidamente gigante.
De tu recelo permanente.
O de que la inquietud sea sólo mía.

Y luego qué.
Y después nada.
Y luego ya pasó.

Miedo del intento y de su fracaso.
Miedo de una sombra que se contonea.
Miedo, y más del miedo mismo.
Miedo, con todas sus dosis.

Miedo de no pensar.
De ser insensible.
De que todo pese e incluso me importe.

Miedo de tantos segundos.
Miedo de algunas maletas.
Del plástico de mis muñecas.
De ser tonta y saberlo.

Y después murió.
Y luego no.
Y después me fui.
Y después... ya perdí.

sábado, 23 de abril de 2011

Semana Santa II


No debería, sin embargo, hoy voy a suplantar estas horas de estudio para dedicarle un rato a la escritura que tengo tan abandonada.
Estos últimos días la monótona vida de mi pueblo se ha visto revolucionada por la devoción cristiana que puebla las calles. Semana Santa en España no perdona. Encapuchados anónimos caminan con paso estricto uno tras otro a la orden de su campana soberana. Encapuchados anónimos que saludan y publican su devota participación en las procesiones para que los vecinos vayan y les den agua de beber. Para que todos sepan que son buenos hijos de Dios el miércoles santo y como con las antiguas bulas, se les perdonen los desfases de sábado noche… Que la semana próxima volverán a cometer.
Jovencitas de negro visten sus más elegantes tacones, no vaya a ser que Jesús se enfade por anteponer la fe a la estética. Derraman lágrimas delante de una figura de vestir cuyo núcleo debe odiar el lujo que lo atavía. Núcleo de sangre y llaneza que no quiere ver mantos bordados en oro. Lágrimas de resina resbalaban en la pintura mientras ellos repetían el Padre Nuestro. ¡Yo sentí que Cristo lloraba por motivos tan repentinamente distintos a los que se cree…!
Padre Nuestro que estás en… alguna parte, si es que estás, deberías bajar a echar un vistazo al suplicio al que se someten unos cuantos. Pero no te lo tomes como algo personal, simplemente son exigencias de por aquí. Caminantes ciegos y descalzos sostienen la cera que se derrite en una senda de adoquines mojados. Si el baile supurara tus heridas, sé que volverían a abrirse con el cantar del tricornio y su bastón de mando y disciplina como en los años de las “Nanas de la Cebolla”.
Yo misma acudí prácticamente los tres días a contemplar el espectáculo. Cinco años después, sigo preguntándome el auténtico por qué de ello. No me gusta la religión, no soy creyente y estoy convencida de que se trata de una parafernalia homenajeando a un profeta que no predicó nada parecido a lo que hoy en día se nos exige creer. Para colmo, la banda del pueblo entona el himno nacional. Algunos tararean por dentro “lo-lo-lo-lo” y otros cantan “Viva España alzad los brazos hijos del pueblo español, que vuelve a resurgir…” como bien orgulloso lo haría el caudillo en sus días. ¿En qué quedamos, España? ¿Más Antonios Machado muriendo de tristeza expulsados por una tierra que vomita sobre sus letras? ¿Por qué hacer a María y Jesús cómplices de tus vergüenzas? ¿Por qué permites que el canto de tres voces agrie el júbilo de quienes te alaban?
Resbala dorado el rosario de tus facetas, Jesús. En las manos de tu madre las esmeraldas en las que se enjugó el día de tu muerte, cuando regresó a su casa marfil tras enterrarte en un ataúd de madera pulida. Abundancia y desprecio de la mentira colectiva.
¿Alguien debe, en realidad, rogar por nosotros en la hora de nuestra muerte?

viernes, 24 de diciembre de 2010

A veces el cine no es sólo ciencia ficción.

Hace aproximadamente una semana mi madre y yo nos decidimos a pasar una lluviosa tarde dominical viendo una película. Me convenció de probar con “V de Vendetta”, título que yo había escuchado mencionar no pocas veces; no obstante, todavía no la había visto. Ante su entusiasmo, acepté sin cavilaciones y apreté el “play” en la pantalla de dicha película. (Sí, lo siento, en esta casa estamos abiertamente a favor de las páginas para ver películas online gratuitamente.)

A partir de ese momento me fui sumergiendo poco a poco en unas escenas que me resultaban extrañamente familiares. Aún no lograba discernir el por qué. Tan solo me embebía de un mensaje sinónimo de la concientización. Observaba gente con máscaras, sus rasgos escondidos detrás de una misma capa de plástico y sin embargo, todos me resultaban igualmente familiares.

El mandamás era un hombre a quien sus súbditos sólo conocían a través de las cámaras, solemne y maligno como hace falta ser para manipular y subyugar a toda una masa de mentes libres que habían olvidado cómo pensar. Que ya no cuestionaban. Se limitaban a vivir.
Procuraré no seguir comentando mucho más acerca de la película, pues no es el cometido de este texto sino más bien el desencadenante…

Resultó ser, finalmente, que al acabar la película me dolían las ideas. Qué expresión más particular… ¿Cómo se logra que a alguien le duelan las ideas? Pues simplemente inyectándole una dosis de realidad, con una aguja bien gorda de estas que recuerdas cada vez que vas a sentarte. Alguien había conseguido meterse en el salón de mi casa, en la pantalla de mi ordenador, en mis propias pupilas y neuronas para suplicarme que abriese los ojos. Mi estado de perplejidad aumentaba cada minuto que reflexionaba más y más sobre aquél concepto que acababan de transferirme. ¡Y yo que creía que ya lo tenía bien asimilado…! Pobre ingenua de mí…

Se estarán ustedes preguntando cuál es esa información que me había penetrado tan profundamente. Tiempo al tiempo. Todo tiene su explicación.
Procuré entonces reflexionar un poco más detenidamente sobre el reciente escándalo de Wikileaks, entendiendo a partir de ese momento por qué se habían organizado tantísimas manifestaciones a nivel mundial para defender a un hombre que logró violar el sistema de seguridad del país (lamentablemente) más poderoso del mundo entero. Entendiendo por qué los manifestantes habían decidido todos ponerse la máscara de ese nuevo personaje que taladraba ahora mi concepción de libertad: V.

A medida que los días van pasando, me dedico a buscar inconscientemente más similitudes entre la sociedad ficticia que recrea V de Vendetta y aquella en la que yo vivo en la realidad. Puede que algo aterrada, rendida, ¿preocupada, tal vez? Lo cierto es que, alimentando mis miedos, no resulta nada difícil encontrar dichas semejanzas entre un mundo y el otro. Para regocijo de mi inquietud espiritual, hace escasos dos días mi madre llegó del trabajo más indignada de lo habitual. Procedió a contarme que esa cadena que a nosotras tanto nos entretiene, la que emite los únicos programas de calidad existentes actualmente en el cuarto poder, esa sintonía que refleja de forma verídica la situación que anega las calles del país donde vivimos, esa misma, dejará de existir en poco más de una semana. ¿Y cómo, cuándo, por qué? Fueron las únicas palabras que se hincaban en mis ideas, ahora, lastimadas. Como era de esperar, no se trata más que de otra transacción compra-venta de una adquisición, un producto que sólo mueve cifras para esos señores sentados en traje y corbata en un despacho gigante, dominando el mundo. Sólo somos ganado…

La consecuencia de este acontecimiento es ni más ni menos la carencia de dos canales informativos e independientes. Curioso (y hay quien aún así sostiene que las casualidades existen) ya que son precisamente los dos canales que presentaban una mirada crítica a las situaciones con las que nos hemos acostumbrado a convivir. Es por eso que ya no nos damos cuenta de cuán cruciales son. Dejan de existir las únicas dos emisoras que no mencionaban ni una sola vez en su programación nombres como “Belén Esteban” o “la Duquesa de Alba”. Estos mismos eran reemplazados por “hambre”, “miedo”, “injusticia”, “corrupción”, “mundo exterior”… ¿Hace falta que continúe?

CNN+ y Cuatro van a ser suplantados por una programación indudablemente superior intelectual y educativamente, tal como lo es la vida del hombre que es galardonado por matar tres toros y su mujer que lo ha dejado para casarse con el nuevo niñato de moda.
Se despierta en mí una duda. ¿Es acaso terrible la manipulación de los medios de comunicación para conseguir que nos convirtamos en una masa no pensante? ¿O es más terrible todavía que nosotros mismos, el pueblo (no) consciente de que está siendo sometido al maquillaje incuestionable capitaneado por dos o tres dueños de nuestra concepción de realidad, seamos incapaces de tener una reacción influyente y determinante ante esta situación?

Afirmo ahora que las similitudes entre la sociedad de V de Vendetta y la nuestra son más que innegables. Y lo afirmo asustada. Preocupada por sentirme durante algunos minutos un oráculo capaz de predecir sin dificultad ninguna el futuro que nos depara de seguir así. Así, de brazos cruzados. Así, ignorando e incluso aceptando el hecho de que no somos libres. Simplemente, porque no sería compatible con el gran sistema que rige el mundo. Simplemente, porque no nos dejan serlo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

De su camisa de seda y de mis medias de algodón. No me molesta, a veces el amor hace esas cosas.
Su saliva me sabe a Ron y pan. La caricia de su lengua cosquillea en mis papilas. Pero no me molesta, a veces el amor hace esas cosas.
Un verde de tesoro agujerea mis pupilas embelesadas en un montón de dudas inertes, en los terrenos pasados del calor francés. Heladas venideras con palabras bien pronunciadas.
Un maní de mis dedos a su boca; el vaivén en las tripas, de ese que despierta los vedados espejismos. Y todos alrededor; y todos con la tele buscan un flequillo engominado. Pero yo sigo anhelando el verde de tesoro, que ahora se sienta a mi lado sin pensar en que mañana se acaba, como estoy pensando yo… Pero no me molesta, a veces el amor hace esas cosas.
Cada uno con lo suyo, y lo mío siempre lejos. Me encuentro habitual y cómoda en un kilómetro de carretera; me veo persona en una butaca con mascarillas escondidas. No pertenezco a las pizarras antiguas que no pintan, mi voz no rebota en el techo de aquél bar antiguo. Voy detrás de una caricia cruda y mentirosa. Soy permanente por los pasajes en mi billetera. De los que perecen y nos hacen recuperar algo de sensibilidad.
More fortnights w i t h o u t you, darling. Más días atada en mis sábanas limpias. Vacías de su melodía encadenada.
El verde de tesoro no se inmuta. El verde de tesoro masticó un te amo. Yo soy yo en esta servilleta anaranjada. Con el verde de tesoro. Te espero en argentino, manchado de andaluz y algo de francés. Un beso desarticulado que ahora me sabe a sal. Pero no me molesta, a veces el amor hace esas cosas.

martes, 17 de agosto de 2010

De tanto leer Rayuela.


De la congoja al agua.
De la congoja al mar.
La me-lan-co-lí-a cortazariana de todos nuestros Horacios internos.
La congoja de pena y muerte.
Y el mar. La torre afilada y en su punta un hierro sangrante de vidrio frágil.
La muerte de congoja y pena.
Lo que hay. Se trata de asfaltos resecos y pisoteados.
Pupilas fijas en pupilas.
Manos que arden. Tacto que quema.
Me siento atravesando un muro apretado entre huellas que dejó su aliento.
Calor derretido en una sacudida voraz.
Falaz el día. Día D. Día de mí.
Caramelo de agonía engarzado en cierto verde vestigio. Sólo alguna memoria derriba el muro apretado.
Del alma gotea una canción. Y el alma verde atormenta cuando el alma nueva reconoce que el alma vieja centellea.
Caminata derruída. En mi alacena hay cerales, gatos y un vacío.
El rayo explota.
Pena de muerte y congoja.
El mar horizonte índigo. Niña índiga trastornada por la u-to-pí-a . Según el diccionario, sinónimo de fábula y fantasía.

martes, 27 de julio de 2010




Y llegó París. Yo la intento escribir. Quiero volcar lo indescriptible en una cripta de sensaciones apelotonadas como un perfume caro. Y te fuiste Madrid, sin decir ni una palabra sentí que el Triunfo te achicaba convirtiéndote en una bolita de… nada. Y volvió París, desterrando todos los líquidos pegajosos que pegaban mis pies a un terraplén inmenso, denso. Una piedra lejana me mira y se ríe; una piedra desde la otra orilla que yo veo cada vez más difusa mientras despega una caricia en la boca mi estómago. “Esto va a ser algo grande” me gritaba una vocecita en el hombro. “Yo no veo nada” repliqué tozuda y cabezona como siempre. Como siempre resulté ser el perfecto exponente de mi ignorancia. “Esa tierra me cerró la mente, má” gritaba por teléfono con el corazón en un puño, con los ojos fuera de órbita, con el monumento al hierro dándome la bienvenida. “Yo me quedo acá, má, yo no me quiero ir.” Al ratito resulté tener a mis pies el agua que bañaba mis noches de sudor. Resultó que todo continuaba estático dibujando sobre mi piel el escalofrío que aullaba hacía años dentro de una cajita, muy pequeñita, la cual abrí y jamás pude volver a cerrar.
Al final allí estaban todas las respuestas que rasgaban mis ideas cuando me sentí vacía, llena de arena y sal. El problema nunca fueron los demás. Ni el lugar. Ni los deseos. El problema era yo, como una flor a la que arrancan de raíz con dientes afilados y la trasplantan a una maceta sola con tierra negra y sucia. Yo fui flor feliz. Ahora, la ventana tierra negra. Fui agua fresca. Ahora pala que entierra. Lo peor llega cuando la gente no te entiende. La verdad es que no quieren entender, porque si lo hiciesen se resignarían a reconocer que todos nosotros vivimos encerrados exactamente en lo que no queremos vivir; nos obligan a ello. En cambio yo llego y respiro la bruma mediterránea del pueblerino asfalto inexistente en mi calentador. Miro a la pared. Busco por la ventana. Ya no puedo dormirme con el destello del monumento reflejado en la oscuridad de las sábanas apretadas. Ni el bonjour de buenos días ni el bonsoir/bonne nuit pardon, je ne sais pas ce que je doit dire a cet heure…. Pero yo no me resigno. No me callo y camino y bajo la mirada y me aseguro de nunca volver a tener una idea despeinada. Yo levanto los ojos y digo “Má, yo no me quería ir.”
Yo levanto el corazón, mi alma en el alfiler de sus trescientos metros. Mi voz en las grietas de las gárgolas que cuelgan del rosace. Mi camino lejano a las muecas y a las pestañas condescendientes y engrasadas de los condenados que se resignan. Mis huellas en la guitarra pura bohemia de la butte inagotable. Mi yo. Mi allí. Yo. Sin más. París.

lunes, 19 de abril de 2010

Vida onírica

Amanece la mañana voraz y tentadora. Ruge sus colmillos sobre mi cuello, quien carnoso provoca los dientes del despertar. Siento deseos de sumergirme nuevamente en los sueños esponjosos de mi almohada anaranjada, sin el dolor ni el malestar de una realidad a f i l a d a, cercana. Desamparado el discurso de una noche se desvanece con la luz que se filtra por la cortina, y una vez más, vuelta a empezar.
Adormecidos mis párpados amenazan con una caída en picado. Entumecidos mis pies reaccionan con el suelo helado. Quiero permanecer bajo la protección de las sábanas, como mecenas de una existencia paralela que yo misma puedo colorear. Amago con acatar las órdenes ilegítimas de mis deseos; amago una recaída hasta el colchón que añora volver a abrazarme y arroparme.
Rememoro aquellos mundos que recorrí en la oscuridad invencible del cielo atezado, cuando no había estrellas que lo iluminaran y entonces la opacidad de un prolongado descanso imperaba sobre el pueblo sereno. Revivo los verdes perfumes de esos horizontes encontrados, expectantes y acosados por una aguja sagaz que dé en el blanco. Que hinque su puntita en la alarma vengadora, vengadora por la envidia de no poder ella también conocer un mundo así.
Y es que cada uno de nosotros contamos con ese mundo. Un estado de ingravidez y sentimos que flotamos sobre las escenas que proyecta nuestro sub-inconsciente. ¿Cómo explicar exactamente la sensación de nuestro cuerpo al soñar, cuando todo es cierto y mentira dentro de la subliminalidad cruda y ocurrente? Que se lo pregunten a mi mamá, hoy, mami, te nombro "Embajadora Onírica Oficial" (EOO). Es un cargo importante, que nadie se burle. Podés ser funcionaria, tal vez de... de ese universo infinito que visitás cada vez que, dormitando, me cantás una canción desde la cama o afligida me decís que tenés un bebé muy chiquitito, tan chiquitito que se te escurre entre tus manos blancas.
Y cuando por la mañana... ¡Por la mañana! Abrimos los ojos y el golpazo brusco del techo se clava en nuestras pupilas en un impacto violento de aire terrestre. Y ya no hay más pájaros de latón tornasolado que escriban en las paredes con chocolate derretido. Las imágenes en blanco y negro pasan apresuradas y sin sentido, hasta que se vuelven incomprensibles y nuestra mente despierta, de repente mundana, ya no las comprende. Nadie canta ni confiesa. Nadie engaña. Nadie... Vuelve a no haber nadie. Porque estamos despiertos y susceptibles como los aterciopelados pétalos que acariciamos un rato antes. Sabemos que hoy, en el mundo real, pueden arrancarnos, desangrarnos, partirnos y manosearnos como a ellos, y a la vez, lo podemos hacer nosotros también. Y eso pasa, nos convertimos en víctimas y victimarios de la humanidad sublime, esta vez, del mismo hombre que devora al hombre. Del mismo cuchillo que gasta su propio filo y endereza las rebeliones con un corte certero y ensangrentado. Buenos días.

sábado, 3 de abril de 2010

SEMANA SANTA

La misma sangre dulce empalaga nuestros adentros
los ruegos fugaces gritando al viento.
Suplicando la justicia que no nos fue aplicada
nos vemos encerrados en dos o tres miradas
salpicadas de venganza por delitos que no cometimos.

Como espesa negrura me escapo de los silencios.
Camino, sollozo, le niego al tiempo
que hace unos pocos años un beso salado
intentó mojar mis labios,
intentó quebrar el espacio.

Neblina blanca que escurre mi pena,
Cuaresma y Santidad miembros de una pelea.
Quienes no cumplen las penas huyendo del hastío
se emborrachan con sus propias espinas.
Se hincan en caminos baldíos.

Los tiernos mantos en oro se bañan,
callados por la culpa que salpica el dios.
El día del encierro llega
prepotente y desdeñado
cantando una saeta acerba.
¿Yo? Yo no busco perdón.

Imitando los pies retumbantes
vuestros pasos quebrando un adoquín,
la cera derrite alguna promesa:
“No nos entierres en nuestro propio serrín.”

La misma carne que con los hombros cargáis
desde alguna parte resquebraja su entierro.
Ahogado en amarga opulencia
añora los días del recato que predicó.

Callad, callad blasfemos beatos
desde un consejo de cercanía oteo
cuantas manos estrechadas con el negocio,
cuantos bastones de plata portáis.

En un atardecer alado
los colores se funden tímidos,
ninguna mítica premisa
se erige junto al horizonte.
Ningún indulto a la humanidad;
amenaza, todavía, la tempestad.

domingo, 7 de marzo de 2010

"¿Te hago un truco de magia?"

Me encantaría que juntos caminásemos sin hincarnos en la planta de los pies esas púas herrumbrosas. Sin que brote sangre espesa de nuestra carne por las pupilas fijas en el futuro. Sin que los segundos sean más rápidos que nuestros sentimientos. Pero lo son.
La amenaza certera nos ha fichado fuera de tiempo; demasiado esperó como para hacer la vista gorda. Como si un gigante no nos dejase pasar una puerta de realidad, uno de nosotros se cree ciego mientras que el otro ve incluso lo invisible.
"¿Qué tan atrás quedaron los dibujos y las poesías?" me pregunto apesadumbrada con la congoja en las cejas y la perspectiva por los pies. "¿Qué tan atrás desfalleció tu magia y se opacó nuestro júbilo?" Magia... Creí en vos hasta hace unos meses.
¿Y qué tan adelante nos espera la sorpresa o el final? ¿Cuánta música ha de ser creada para que las dos palabras sean invencibles o intangibles? Sé que la soledad no es el libro donde se esconden mis anheladas respuestas. Creo que sólo las encuentro entre piel y memoria. Nuestra piel. Mi memoria.
Sólo sé que no sé nada. Dudo de todo, menos de que dudo. Y esperé porqués etéreos de posibilidades inalcanzables, pero la llaga de un dolor resurgió infectada desde las profundidades de alguna parte. Alguna parte a la que desciendo en mi búsqueda incesante de ti mientras me rasgo algo más que las vestiduras con las espinas de una obra derruída que tal vez quiera aguantar con un palito de cartón, pero continúo en mi descenso agobiante hacia un final que no pretendo conocer. ¿Alguien puede demostrarme lo contrario?
Sólo quiero un principio en la mitad del transcurso. Un sorpresivo renacer.

viernes, 26 de febrero de 2010

MEP Internacional


Ya sin inspiración ni nada. Ya es hora de que me retracte de las cosas que dije en mi primera entrada sobre el MEP, y sobre todo ahora, que se me ha dado la oportunidad de participar en la Fase Internacional. Juro que a pesar de mis hormonas adolescentes revolucionadas, estoy más agradecida que nunca.
Por empezar e inaplazablemente, gracias a los profes. Todavía me acuerdo de aquél día a finales de curso en 4º de la E.S.O cuando unos pocos alumnos nos reunimos en una sala y un profesor que ninguno de nosotros conocía nos comenzó a explicar algo sobre un concurso muy extraño. En un vídeo veíamos gente de nuestra edad vestidos de chaqueta y corbata, tratándose de usted y debatiendo sobre temas completamente ajenos a las banalidades adolescentes. Se nos propuso elaborar un trabajo y, conscientes del esfuerzo que ello suponía, más de la mitad se retiraron, y sólo resistimos unos pocos valientes dispuestos a embarcarnos en esta aventura.
Una vez terminado el proyecto, sólo dos fuimos seleccionados para participar en la Fase Autonómica de Sevilla. Tuve la suerte de convertirme -inconscientemente- en una semi-experta sobre mi tema y haber sido elegida para la Fase Nacional de Madrid. Allí el proceso a realizar era más difícil. Suponía más ímpetu, paciencia y ganas. De ochenta y cinco participantes escogieron a los 20 mejores, que separados en dos grupos participarán, respectivamente, de dos Fases Internacionales.
El final.
El premio mayor.
Y es para mí la sensación más reconfortante saber que escribo esto siendo yo una de las seleccionadas. Mis ganas y yo viajaremos fuera de España a la Fase Internacional de Modelo de Parlamento Europeo. ¡¡Sí!!
Es un punto a destacar, como anteriormente dije (creo que me estoy contagiando de las formalidades protocolarias), el respaldo que los profesores nos brindaron a todos nosotros. Todo el tiempo ahí, alentando, preparando información, sacando fotos, preocupándose por nuestro bienestar. Sin exigirnos más de lo que podíamos dar. He aquí el inmejorable fruto de su trabajo.
Ahora hablaré de los delegados... y es que ¿qué sería el MEP sin nosotros, chicos? Nosotros somos el MEP, lo integramos y conformamos. Le damos sabor, le damos gracia, le damos esas cosquillitas que sentimos al recordar todo lo que vivimos.
Puede que quien no haya pasado por esta experiencia nos tache de cursis y exagerados, y reconzoco que yo también lo haría de no estar en esta situación. Pero increíblemente, los lazos estrechados en unos pocos días de convivencia son tan fuertes como puedan serlo, y es que esta experiencia une tanto en el día a día como en los recuerdos. Hemos desarrollado capacidades de tolerancia, entendimiento, acción, debate. Pero lo más importante de todo: hemos aprendido a escuchar y a ser escuchados.
Gracias, finalmente, MODELO DE PARLAMENTO EUROPEO, por ser esa oportunidad que los jóvenes tanto ansiamos de vez en cuando: ser voces escuchadas. Ser voces protagonistas. Gracias por tus postres excéntricos, por los bailes exóticos, por las corridas nocturnas, por los debates fogosos, por los nervios irrevocables, por las nevadas deseadas, por los pies doloridos y los tacones dolorosos, gracias por tu gente, gracias por tu sabiduría.
Gracias MEP.
Gracias MEP's.

Magdalena Raña para la Delegación de Málaga --> Andalucía 1 --> y, finalmente, de España.

lunes, 15 de febrero de 2010

En el Instituto.

Como imbéciles. Caminan ciegos y puede que yo también. Aprecio las ganas de unos pocos y vomito la obligatoriedad de este sistema que repudia, que desprecia. Nos clasifican como corderos: ¿aptos o no aptos para saber vivir? Sentenciados para el resto del camino y tatuados con el sello del fracaso en la frente adelantamos un paso al otro. Al prójimo: nuestro símil-compañero.
Busco por los pasillos alguna cara amiga. Alguna de las que no muerden ni tampoco vigilan; y es que son tan pocas que pena me da ansiarlas, así como pena me dan aquellas que devoran hambrientas el doblegamiento del débil.
Bienvenido, mundo, a la educación que recibimos en preparación para la casi ignominia que le espera a aquél que no se imponga más que el poderoso.
¿Dónde estan los ideales? ¿Dónde está la realidad? ¡No se cuelan ya estos vocablos! ¡Para qué! ¡Si nos sentimos tan importantes como una res puede sentirse!
Juro que no te odio. Juro que sólo odio a ciertos seres que te habitan. Mudos, sordos, mancos. No hablan porque no saben. No escuchan porque es incómodo. Simulan no tener manos para no llevar a cabo una acción.
Me observo de repente en un gran abismo blanquecino, inundado por la jactancia "ni-ni", rodeada por ellos que no se encuentran pero tampoco pretenden hacerlo. Grito en silencio, callada, yo misma me pierdo, ¿dónde estoy? Perdón, una vez más olvidaba que me hayo sola en un lugar que algunos llaman utopía. Sola en otro lugar denominado mundo. Sola ante mis ocurrencias. Sola yo.

martes, 9 de febrero de 2010

Hoy les propongo...

Buenas noches, desafortunados lectores cibernéticos. ¿Hay alguien ahí hoy? Yo estoy al otro lado de la pantalla, como siempre (o eso creo). Estoy... un poco ausente. Pero de todas formas me encuentro. Me encuentro... entre libros y lecturas, entre MEPS -¿aventuras?-, entre ropa desordenada, entre las sábanas de mi cama. Evidentemente, como todos nos damos cuenta, entre versos sin esfuerzo -¡o sin un céntimo!-
La verdad es que todos los que escribimos pasamos por épocas de taponamiento literario. Son horribles. Sentimos como un nudo en las sienes, y cada día que pasamos sin escribir se "ennudece" un poquito más. Y hago hincapié en "los que escribimos", que no siempre somos escritores, sino simples mensajeros entre las ideas que nacen en nuestras cabezas y los ojos de quienes las disfrutan (o sufren, como es el caso de hoy).
El absunto está en que aprovechando mi bloqueo intelectual, se me ocurrió hacer que ustedes puedan reír un rato; ya que yo no tengo tiempo, háganlo por mí. Les voy a copiar, a continuación, una ingenua poesía escrita por mí alrededor de los diez años, cuando todavía pensaba en las cosas que realmente importan. Como el principito y su aviador. ¿Cuántos de ustedes pueden, acaso, dibujar un corderito ideal, o una boa cerrrada, o incluso una abierta?
Aclaro, previamente, que este "poema" será tipeado sin cambiar ni una sola coma.
Lean y diagnostiquen si el cambio hacia las banalidades de la vida ha sido exagerado:

AMBICIÓN
Llegar, palabras,
sentir, tu alma,
Llegar, solo llegar,
porque quiero ser, sentir,
pensar, en tu idioma,
ser flor, en otoño.
Vivir en el féretro de tu voz.
Causar, estruendos en el cielo.
Pensar, solo pensar
que creo, que siento, que puedo
ser yo.
Quiero ser todos, todos y vos
poder vivir esa cárcel de tu amor, sufrimiento.
Pintar, tu pelo, ser, simplemente
una vida, ser simplemente una canción.
Creer, simplemente poder volver a creer.
Escalar momentos, esquivar augurios en tu pecho.
Nacer, melodías,
mirar, fantasías.
Cantar, que te quiero, desde la cumbre de la montaña
más alta, para volver a ser, pensar, mirar.

¿Qué tal? ¿Les gustó? A mí no, nunca me gustaron las cosas viejas que tengo por ahí escritas... Probablemente dentro de unos años abra esta página caducada en algún internet del futuro y me avergüence de esto también, así que aprovecho para enviar un mensaje a la Magui ulterior: ¡Dejá de leer literatura barata y andá a corregir exámenes en ese balcón peliculero que tenés, sí sí, ese desde donde se avista la Torre Eiffel!
Decía... Todo esto venía a que pensaba contarles la historia de este poema, de la cual todavía me acuerdo de manera jugosa: Mi maestra de quinto de primaria me había explicado por primera vez lo que significa la palabra "féretro", y enamorada de su sonido (romance que hoy en día perdura) me bañó una lluvia de ideas, de palabras, de versos. Decidí abstraerme de la clase y empezar a escribir. Nunca más volvió a ser tan fácil.

lunes, 25 de enero de 2010

Modelo de Parlamento Europeo 2010

El miércoles me voy a Sevilla. Dicen que consiste en "jugar a ser políticos". ¿Eso es un juego que enseña hipocresía? ¿Será un juego con moraleja? ¿Resultará esta moraleja una enseñanza para procurar que las juventudes intentemos cambiar el mundo? ¿O resultará más bien una explicación a las no-consecuencias fructíferas de los no-quehaceres de los no-representantes del pueblo?
Más información el sábado cuando haya regresado, dormido y descansado los piecitos de mis agotadores tacones (no menos bonitos por ello). Pero yo los compro en Carrefour eh, que tienen número treinta y cinco y porque las marcas me dan asco.
Yo prefiero enfocar esta experiencia como... Bueno, en realidad no sé muy bien de qué manera enfocarla. Por ahora no resulta más que un viaje lejos de casa, de la ropa cómoda y de las clases de CMC (el insoportable Chema, para los amigos.) Y miren, lectores (si es que hay alguno), acabo de encontrar una buena consecuencia de esta experiencia: no veré la cara de ese hombre porque me ahorraré dos clasecitas con él. No veré ni la repugnante bandera de Tommy Hilfiger en sus camisas, ni sus burlas para quienes considera inferiores, ni su precioso Mercedes cuyo volante se ve incapaz de alcanzar. (Intento criticar de la manera más literariamente constructiva posible, pero me parece que cuesta un poco). Puede que algún día le dedique una publicación, a su impactante belleza física y mental (mentira, es muy feo y le obsequio la calificación de muy muy cerdo burgués y conformista). Pero eso será cuando otro de sus no-preciados comentarios vuelva a enervarme. Mejor se la dedico a mi ex-profe de música, ese sí que es "blogueable".
Como podrán apreciar (o no-apreciar, continuando con esta ironía que tanta simpatía me causa), accidentalmente estoy orientando esta entrada de un modo no-habitual a lo que se acostumbra en este no-visitado blog. Y bueno, ché, ¿acaso no defiendo yo la alteración de los inflexibles esquemas pre-impuestos? Quien no ejemplifica no puede predicar. Y yo soy como una maestra ciruela, predico muchísimo. La Renga decía "Llegué tarde al sistema; ya estaba enchufado, así, funcionando."
Volviendo al objeto principal de la publicación, reitero para quien se acabe de incorporar al no-espectáculo que me voy a hacer de diplomática un rato a una ciudad llamada Sevilla. Ciudad que tiene fama de ser bonita y aún más su Giralda. Peeeeero yo no lo voy a apreciar, porque voy a estar reclutada en un hotel hablando de economía, política y del defectuosísimo sistema al cual me veré obligada a criticar de manera eufemística (¿existe esa palabra?) para no ofender a ningún partidario de los paraísos fiscales. Ese negocio que tanto enriquece a los ricos y tanto empobrece a los pobres.
Mmm... Después de tanta sátira ácida -hasta para mí, después de releerlo-, pienso que tal vez estaría bueno decir algo bueno de toda esta aventura que se avecina. Seré firme, clara y concisa: Voy a hablar, voy a aprovechar que mis ideas serán escuchadas y productivas -o eso espero- y les voy a dar con un caño a los nenes de papá que vayan con sus súper camisas de Lacoste dispuestos a comerse el mundo. Pasado mañana el mundo me lo como YO.
¡¡¡Bon voyage Maguita!!!

P.D.: Queridísimo y apreciado lector, si es la primera vez que usted tiene la no-suerte de leer estas cosas que escribo, no se espante. Le suplico continúe con alguna otra entrada anteriormente publicada y creo que resultará un poco menos violenta que la recientemente escrita. Esta no es más que un arrebato de las hormonas adolescentes sobre cuales afirmo fehacientemente y doy fe: últimamente me sacan de mis cabales.

martes, 22 de diciembre de 2009

Contienda de mis yo.


  • Inmensa como un muro fuerte.
  • ¡Resistente!
  • ¿Imbatible?
  • Triunfadora
Tengo en mi bolsillo casi todas las metas cumplidas, por lo menos todas las que esperaba alcanzar. No me defraudé, ni tampoco -hasta el momento- creo haber defraudado a nadie que no sea a mí misma. (Señoras y señores, con ustedes: las paradojas de mis letras -o de mi vida.-)
Habiendo recapitulado, entonces, todas estas cualidades (según las llama la gente, no es que yo piense que lo sean) creo que sí... Me sentía así hasta hace un rato.
Pude, sin embargo, percibir el hedor de una calma que, complaciente como todas las calmas, me espiaba desde un rinconcito. Entonces ese mismo hedor se acercó de puntillas hasta mi nuca y amagó y sopló despacio y me dijo suavemente: "Vas a recordar lo que verdaderamente es ser vos."
Y a partir de ese momento dejé de ser inmensa, resistente, tal vez imbatible, para nada triunfadora. Devine en otro ser completamente alterno, paralelo y rondante. Todos se dieron cuenta de que quien allí sentada hincaba su mirada en un punto fijo ya no era yo. Era mi otro yo que echaba de menos "Esta(-)pena" y decidió hacerme una visita, obligándome a ausentarme durante un período indefinido de tiempo, jugando con el rostro cuya expresión vacante esperaba un alma que lo habitara.
Para que ustedes me entiendan mejor voy a intentar definir esta nueva persona que me habita, quien dueña de mi cuerpo y de mis actos, quien dueña de mí, no soy yo:
  • Diminuta, como los juguetes en miniatura que los niños tienen como cliché introducirse en la nariz.
  • Aplastable y blandengue.
  • Perdedora.
  • Insignificante.
¿Qué tal cómo les va todo bien? Me llamo Auto-no-estima y según la "Irreal Academia de Ninguna Parte" consisto básicamente en una "Desvaloración negativa sobre uno mismo". Me dedico a buscar individuos al azar y me centro en aquél cuyo brillo de ojos denote más susceptibilidad, entonces camino de puntillas, lo saludo cuando éste aún está de espaldas y sin más rodeos me introduzco en él. A veces me cuesta un poco hacerme mi lugar entre tanta alma y sentimientos y tontería, -quien más trabajito me da es la fortaleza mental-, pero al final siempre me las apaño para desplazar todo aquello que pueda despertar el más mínimo atisbo de gozo, y una vez acomodada apoyo un pie en cada hombro y comienzo a saltar. Con la mayor cantidad de energía posible, así me aseguro de que el elegido perciba mi trabajo en las condiciones que corresponden, no sea cosa que reciba quejas de la clientela.

Hola, soy yo otra vez. Bueno, no exactamente yo, ahora mismo escribe mi otra persona, grabando en un grito de abecedario el suplicio en el que se ve encorralada.
Si les digo la verdad... No me preocupa. Sé que mañana me voy a levantar, cada pestaña de a poquito se irá despegando sin dificultad de su homóloga inferior y otra vez seré yo y me sentiré bien...

...

Ja, no os lo habéis creído a que no. ¡Yo tampoco! Mañana me voy a levantar, con sueño, con dueño, con quejas, y seguiré igual de chiquita y aplastable... Como esa hormiguita de la que te hablé una vez... ¿Te acordás?
Me parece -y creo estar ciertamente en lo cierto- que toca resignarse. En eso encuentro mi verdadero yo: En una masa de sustancias abstractas (algunos lo llaman personas, pero suena un poco vulgar, ¿no les parece?), inestable y eternamente titubeante como nadie. ¿Qué culpa tengo yo de no ser lo que querría ser? ¿Qué culpa tiene el tomate...? [Estás en todas partes.-]
Pero aún así me elijo. Te elijo. Elijo el nosotros y elijo a alguien que se hace llamar Magui, que se quiere un poquito y se odia mucho más.
Débil o ganadora, ¿a quién le importa? Yo ya elegí. ES LO QUE HAY.

lunes, 7 de diciembre de 2009

S e m e g a s t a r o n l o s b e s o s.-

Como cuando era peque. ¿Hoy en día se podrá recargar?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Parodia amistosa al invierno.



Hoy inevitablemente toca. Ya por la mañana el pelo mojado provoca que el vello de mis brazos se erice mientras que un escalofrío helado me sopla despacito en la nuca. Me doy cuenta de que tengo frío y de que esa sensación pega más fuerte que el estremecimiento engendrado por la canción que suena en mis oídos.
Bueno. Al mediodía todo parece ser cálido otra vez. La chaqueta de algodón -finita y desteñida- cuelga de mi mochila arrastrada por la fatiga de una cuesta irrevocable... Pero entonces llego a casa, y ya sin cuesta ni mochila, el cuerpo no me pesa y es entonces cuando, otra maldita vez, exhala en mis adentros el escalofrío matutino -ya vespertino, crepuscular, naciente-.
Al comienzo de mi día abro las puertas del armario y me debato entre la más desagradable disputa que se levanta entre la ropa: Ahí la veo, calladita, se ríe de modo un poco cruel. Sabe que tarde o temprano me va a ganar, y voy a tener que descolgarla, cortarle la etiqueta y entonces (aunque no quiera) usarla. Sí, la CAMPERA -o sea "chaquetón", lectores ibéricos- me llama. Sus botoncitos marrones señalan la ventana y observo a través de ella que no hay sol, no hay playa, no hay sandalias, no hay... ¡¡El invierno se lo come todo!!
¿Acaso soy el único ser viviente al que le afecta sobremanera el cambio natural de estaciones?Creo que el calentamiento global y yo podremos ser grandes amigos (el Protocolo de Kioto no es más que hipocresía política, nadie lo cumple). De hecho, mi nuevo aliado ya me proporcionó sequía hasta bien adentrado el mes de noviembre. ¿No es eso algo de agradecer para alguien como yo? Aplazo así el cambio metabólico y anímico que supone tener que abrigarse.
Bah... ¿A quién voy a engañar? Si ahí las veo, a sus garras, su sarna, su risa malévola se infiltran entre mis sábanas haciéndolas finas e insuficientes, y entonces abro el baúl y extraigo de él un elemento un poco inflado y muy calentito: el acolchado -leyente hispano lo siento, hago referencia al edredón-.
Ahora me voy, porque el invierno me llama a la calle y los botoncitos marrones gritan que este es por fin el momento de estrenarlos. No importa, el orgullo se refortalecerá dentro de unos meses... ¡Hay que ver cómo se burlan!

martes, 10 de noviembre de 2009

Hey Jude - The Beatles