sábado, 3 de abril de 2010

SEMANA SANTA

La misma sangre dulce empalaga nuestros adentros
los ruegos fugaces gritando al viento.
Suplicando la justicia que no nos fue aplicada
nos vemos encerrados en dos o tres miradas
salpicadas de venganza por delitos que no cometimos.

Como espesa negrura me escapo de los silencios.
Camino, sollozo, le niego al tiempo
que hace unos pocos años un beso salado
intentó mojar mis labios,
intentó quebrar el espacio.

Neblina blanca que escurre mi pena,
Cuaresma y Santidad miembros de una pelea.
Quienes no cumplen las penas huyendo del hastío
se emborrachan con sus propias espinas.
Se hincan en caminos baldíos.

Los tiernos mantos en oro se bañan,
callados por la culpa que salpica el dios.
El día del encierro llega
prepotente y desdeñado
cantando una saeta acerba.
¿Yo? Yo no busco perdón.

Imitando los pies retumbantes
vuestros pasos quebrando un adoquín,
la cera derrite alguna promesa:
“No nos entierres en nuestro propio serrín.”

La misma carne que con los hombros cargáis
desde alguna parte resquebraja su entierro.
Ahogado en amarga opulencia
añora los días del recato que predicó.

Callad, callad blasfemos beatos
desde un consejo de cercanía oteo
cuantas manos estrechadas con el negocio,
cuantos bastones de plata portáis.

En un atardecer alado
los colores se funden tímidos,
ninguna mítica premisa
se erige junto al horizonte.
Ningún indulto a la humanidad;
amenaza, todavía, la tempestad.

1 comentario:

  1. maguita, lo que conversamos: la lógica de un poema no sigue jamás la de una prosa. el poema puede tener ideas lúcidas, pero si se comporta sin sorpresas ni sobresaltos, siguiendo las pautas semánticas-sintácticas de un discurso lineal, pierde enjundia, se desinfla, desaparece, por mucho que "exprese". besitos.

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