
Amanece la mañana voraz y tentadora. Ruge sus colmillos sobre mi cuello, quien carnoso provoca los dientes del despertar. Siento deseos de sumergirme nuevamente en los sueños esponjosos de mi almohada anaranjada, sin el dolor ni el malestar de una realidad a f i l a d a, cercana. Desamparado el discurso de una noche se desvanece con la luz que se filtra por la cortina, y una vez más, vuelta a empezar.
Adormecidos mis párpados amenazan con una caída en picado. Entumecidos mis pies reaccionan con el suelo helado. Quiero permanecer bajo la protección de las sábanas, como mecenas de una existencia paralela que yo misma puedo colorear. Amago con acatar las órdenes ilegítimas de mis deseos; amago una recaída hasta el colchón que añora volver a abrazarme y arroparme.
Rememoro aquellos mundos que recorrí en la oscuridad invencible del cielo atezado, cuando no había estrellas que lo iluminaran y entonces la opacidad de un prolongado descanso imperaba sobre el pueblo sereno. Revivo los verdes perfumes de esos horizontes encontrados, expectantes y acosados por una aguja sagaz que dé en el blanco. Que hinque su puntita en la alarma vengadora, vengadora por la envidia de no poder ella también conocer un mundo así.
Y es que cada uno de nosotros contamos con ese mundo. Un estado de ingravidez y sentimos que flotamos sobre las escenas que proyecta nuestro sub-inconsciente. ¿Cómo explicar exactamente la sensación de nuestro cuerpo al soñar, cuando todo es cierto y mentira dentro de la subliminalidad cruda y ocurrente? Que se lo pregunten a mi mamá, hoy, mami, te nombro "Embajadora Onírica Oficial" (EOO). Es un cargo importante, que nadie se burle. Podés ser funcionaria, tal vez de... de ese universo infinito que visitás cada vez que, dormitando, me cantás una canción desde la cama o afligida me decís que tenés un bebé muy chiquitito, tan chiquitito que se te escurre entre tus manos blancas.
Y es que cada uno de nosotros contamos con ese mundo. Un estado de ingravidez y sentimos que flotamos sobre las escenas que proyecta nuestro sub-inconsciente. ¿Cómo explicar exactamente la sensación de nuestro cuerpo al soñar, cuando todo es cierto y mentira dentro de la subliminalidad cruda y ocurrente? Que se lo pregunten a mi mamá, hoy, mami, te nombro "Embajadora Onírica Oficial" (EOO). Es un cargo importante, que nadie se burle. Podés ser funcionaria, tal vez de... de ese universo infinito que visitás cada vez que, dormitando, me cantás una canción desde la cama o afligida me decís que tenés un bebé muy chiquitito, tan chiquitito que se te escurre entre tus manos blancas.
Y cuando por la mañana... ¡Por la mañana! Abrimos los ojos y el golpazo brusco del techo se clava en nuestras pupilas en un impacto violento de aire terrestre. Y ya no hay más pájaros de latón tornasolado que escriban en las paredes con chocolate derretido. Las imágenes en blanco y negro pasan apresuradas y sin sentido, hasta que se vuelven incomprensibles y nuestra mente despierta, de repente mundana, ya no las comprende. Nadie canta ni confiesa. Nadie engaña. Nadie... Vuelve a no haber nadie. Porque estamos despiertos y susceptibles como los aterciopelados pétalos que acariciamos un rato antes. Sabemos que hoy, en el mundo real, pueden arrancarnos, desangrarnos, partirnos y manosearnos como a ellos, y a la vez, lo podemos hacer nosotros también. Y eso pasa, nos convertimos en víctimas y victimarios de la humanidad sublime, esta vez, del mismo hombre que devora al hombre. Del mismo cuchillo que gasta su propio filo y endereza las rebeliones con un corte certero y ensangrentado. Buenos días.
¡cómo estás creciendo! me quedo boba, sin palabras.
ResponderEliminarchuches (te gustan más que los besitos).