jueves, 25 de junio de 2009

No lo niego

Ya no sirve de nada. Te crees fuera de la burbuja pero en realidad estás dentro. Tus turquesas brillan bajo el Amazonas negro. Sonríen esos labios que podrían arropar otros millones que deliran -deseosos- ser atrapados por tu saliva espesa. Vasallos sometidos al señor. Súbditos del níveo monarca.
Lo cierto es que siempre estuviste. Tus curvas me cortaron antes, no eras buena y te imaginé lejos. Ahora realmente te siento, amenaza, no es el momento indicado para forzar el abrazo ajado La sangre que limpié aún deja manchas sobre este delantal, delgado y asustado -cubre mis caderas-.
Ojalá te quedases entre tinieblas y lluvia, borrosa, no te conoceré si no te acercas. Penetras entre bosques que no son tuyos, inocente; quiero hincar mis dientes en tu carne y desgarrarte, por momentos. No lo niego. Hoy no soy capaz de aguantarte.
Majestuosa entras por la puerta, sin tela que cubra tus encantos de tímida fiera. Te odio y te sientas. Y así me encuentro ante vasos rotos, calavera de mis deseos: pesadilla después del fuego. Y en una cama encuentro a la multitud ante un cuerpo que quiere estar solo, creo que me contaminas, el miedo disfrazado de destemplanza.
Podemos intentar jugar con la desentendida indiferencia, mi puño desencajado besa la fuerza contenida. Tal vez no tenga nada en contra. No percibo nada a favor...
Ya no tengo opciones. Debo envidiarte en silencio. No hay lucha venidera pues la lucha ya acaeció y luego de ella nos dimos cuenta de que no éramos tú y yo las rivales si ambas perdimos.
Quisiera indiferencia, en su plato y en el mío. Quisiera menos claridad. Tu luz me ciega, belleza, no te acerques demasiado ni a mí ni a mi ingenuidad. Y puede que debas tener cuidado con la tuya.
Paraíso natural en tu cuerpo. ¿Qué hay en mí?

sábado, 2 de mayo de 2009

Reencontrada ante la espada.


Cayendo en el mercurio de tus labios. Mañana otra vez. Me acerco de a poco al segundo certero en el que las dos pieles tan antiguamente cercanas serán lejanas ante extraños brazos alrededor de nuestras cinturas.

Permanente el latido de los cortes sangrantes, rebosando de su cause el caudal más rebelde.

No quiero ver al asesino casual de mis sentidos. Esbozando palabras que vagan en el aire; no hay sonido que represente mis temores.

Basta sólo con saber la nada que ni siquiera existió. Basta con ser consciente de que el beso traidor de una mentira en el sosiego se murió.

viernes, 24 de abril de 2009



Yacen tus labios ambiciosos
sobre mi vientre.
Se escurren tus dedos
como tormenta que amenaza
me abraza,
fría calculadora de tentación.


Hoy es,
como unidad impenetrable,
un bosque
nuestro cuerpo
ante las cosquillas de
la fuerza superior que
nos invoca:
riesgosa provocación.

Lejos, te quiero lejos
donde no me resultes tan fácil.
Martirio olvidado,
no vuelvas.
Quedate... cerca.

Pelaje
salvaje
sobre esos ojos que rugen
ante mi boca
indecentes deseos
de mis uñas:
inconfesable adicción.


Volando mientras
el suspiro agónico
de no llegar a ti.
Deseosa caricia
pecaminosa obsesión.

Llorando el rojo
que derrocha tu lengua,
que desciende pero no asusta,
que miente ante la confesión
de buscar un poco más.

lunes, 20 de abril de 2009

Nada amanece como objetivo de mi ansiedad. Miro hacia adelante y no veo nada diferente. Hay gente, hay tiempo y hay acciones. Todas en sendos caminos impenetrables. Sin fundirse, paralizados ante vidas tiesas y vacías cuyos acontecimientos predestinados son como juguetes fabricados en serie.
C'est fini, mon amour. Le jour est mort.
¿Hay alguien que me escuche? ¿Hay alguien que me ayude a escapar?

domingo, 12 de abril de 2009

Palabras.-

Escribir. Escribir para nadie. Escribir para mí. ¿A quién se dirigen todas estas palabras entrelazadas? ¿Qué ojos las consumen y, sin embargo, no les hacen el amor como lo hago yo?
¿Tú las estás leyendo en este momento? Entonces se dirigen a ti. Si quieres como dagas, si quieres como un beso.
Surgen sin más. Brotan de las teclas; aparecen tatuadas en la pantalla. No me piden permiso, insolentes, para desnudarme ante la idea sedienta que transita por mis yemas. Tan sólo nacen. Duelen como el parto de una expresión rotunda y, aún así, nunca llegan a ser lo que soñé mientras las engendraba.
¿Y ahora qué? ¿Se apagó la ráfaga arrasadora de toda razón? No, aún hay más. Aún hay mucho que decir; lo que falta son las formas. Porque a veces por mucho que lo intentemos, ante la mayor de las intenciones, nunca mostramos lo que realmente queremos mostrar. La sangre hierve ante esa impotencia indeleble de nuestra mirada, quien observa el hijo bastardo que no es lo
que quisimos que fuese.
¡Aúllen! ¡Aúllen lo que yo no soy capaz! Últimamente nunca puedo. Paralizada. Temor imperante se erige ante mi extrema pequeñez. No llego a ser nada. No llego a ser mi fin.
Palabras de bolsillo, os guardo en el fondo de un agujero arenoso, en un pantalón desgastado, tal vez. Os guardo donde os podáis perder, y así, cuando os encuentre, será como la primera vez.

sábado, 11 de abril de 2009