Más información el sábado cuando haya regresado, dormido y descansado los piecitos de mis agotadores tacones (no menos bonitos por ello). Pero yo los compro en Carrefour eh, que tienen número treinta y cinco y porque las marcas me dan asco.
Yo prefiero enfocar esta experiencia como... Bueno, en realidad no sé muy bien de qué manera enfocarla. Por ahora no resulta más que un viaje lejos de casa, de la ropa cómoda y de las clases de CMC (el insoportable Chema, para los amigos.) Y miren, lectores (si es que hay alguno), acabo de encontrar una buena consecuencia de esta experiencia: no veré la cara de ese hombre porque me ahorraré dos clasecitas con él. No veré ni la repugnante bandera de Tommy Hilfiger en sus camisas, ni sus burlas para quienes considera inferiores, ni su precioso Mercedes cuyo volante se ve incapaz de alcanzar. (Intento criticar de la manera más literariamente constructiva posible, pero me parece que cuesta un poco). Puede que algún día le dedique una publicación, a su impactante belleza física y mental (mentira, es muy feo y le obsequio la calificación de muy muy cerdo burgués y conformista). Pero eso será cuando otro de sus no-preciados comentarios vuelva a enervarme. Mejor se la dedico a mi ex-profe de música, ese sí que es "blogueable".
Como podrán apreciar (o no-apreciar, continuando con esta ironía que tanta simpatía me causa), accidentalmente estoy orientando esta entrada de un modo no-habitual a lo que se acostumbra en este no-visitado blog. Y bueno, ché, ¿acaso no defiendo yo la alteración de los inflexibles esquemas pre-impuestos? Quien no ejemplifica no puede predicar. Y yo soy como una maestra ciruela, predico muchísimo. La Renga decía "Llegué tarde al sistema; ya estaba enchufado, así, funcionando."
Volviendo al objeto principal de la publicación, reitero para quien se acabe de incorporar al no-espectáculo que me voy a hacer de diplomática un rato a una ciudad llamada Sevilla. Ciudad que tiene fama de ser bonita y aún más su Giralda. Peeeeero yo no lo voy a apreciar, porque voy a estar reclutada en un hotel hablando de economía, política y del defectuosísimo sistema al cual me veré obligada a criticar de manera eufemística (¿existe esa palabra?) para no ofender a ningún partidario de los paraísos fiscales. Ese negocio que tanto enriquece a los ricos y tanto empobrece a los pobres.
Mmm... Después de tanta sátira ácida -hasta para mí, después de releerlo-, pienso que tal vez estaría bueno decir algo bueno de toda esta aventura que se avecina. Seré firme, clara y concisa: Voy a hablar, voy a aprovechar que mis ideas serán escuchadas y productivas -o eso espero- y les voy a dar con un caño a los nenes de papá que vayan con sus súper camisas de Lacoste dispuestos a comerse el mundo. Pasado mañana el mundo me lo como YO.
¡¡¡Bon voyage Maguita!!!
P.D.: Queridísimo y apreciado lector, si es la primera vez que usted tiene la no-suerte de leer estas cosas que escribo, no se espante. Le suplico continúe con alguna otra entrada anteriormente publicada y creo que resultará un poco menos violenta que la recientemente escrita. Esta no es más que un arrebato de las hormonas adolescentes sobre cuales afirmo fehacientemente y doy fe: últimamente me sacan de mis cabales.

