lunes, 25 de enero de 2010

Modelo de Parlamento Europeo 2010

El miércoles me voy a Sevilla. Dicen que consiste en "jugar a ser políticos". ¿Eso es un juego que enseña hipocresía? ¿Será un juego con moraleja? ¿Resultará esta moraleja una enseñanza para procurar que las juventudes intentemos cambiar el mundo? ¿O resultará más bien una explicación a las no-consecuencias fructíferas de los no-quehaceres de los no-representantes del pueblo?
Más información el sábado cuando haya regresado, dormido y descansado los piecitos de mis agotadores tacones (no menos bonitos por ello). Pero yo los compro en Carrefour eh, que tienen número treinta y cinco y porque las marcas me dan asco.
Yo prefiero enfocar esta experiencia como... Bueno, en realidad no sé muy bien de qué manera enfocarla. Por ahora no resulta más que un viaje lejos de casa, de la ropa cómoda y de las clases de CMC (el insoportable Chema, para los amigos.) Y miren, lectores (si es que hay alguno), acabo de encontrar una buena consecuencia de esta experiencia: no veré la cara de ese hombre porque me ahorraré dos clasecitas con él. No veré ni la repugnante bandera de Tommy Hilfiger en sus camisas, ni sus burlas para quienes considera inferiores, ni su precioso Mercedes cuyo volante se ve incapaz de alcanzar. (Intento criticar de la manera más literariamente constructiva posible, pero me parece que cuesta un poco). Puede que algún día le dedique una publicación, a su impactante belleza física y mental (mentira, es muy feo y le obsequio la calificación de muy muy cerdo burgués y conformista). Pero eso será cuando otro de sus no-preciados comentarios vuelva a enervarme. Mejor se la dedico a mi ex-profe de música, ese sí que es "blogueable".
Como podrán apreciar (o no-apreciar, continuando con esta ironía que tanta simpatía me causa), accidentalmente estoy orientando esta entrada de un modo no-habitual a lo que se acostumbra en este no-visitado blog. Y bueno, ché, ¿acaso no defiendo yo la alteración de los inflexibles esquemas pre-impuestos? Quien no ejemplifica no puede predicar. Y yo soy como una maestra ciruela, predico muchísimo. La Renga decía "Llegué tarde al sistema; ya estaba enchufado, así, funcionando."
Volviendo al objeto principal de la publicación, reitero para quien se acabe de incorporar al no-espectáculo que me voy a hacer de diplomática un rato a una ciudad llamada Sevilla. Ciudad que tiene fama de ser bonita y aún más su Giralda. Peeeeero yo no lo voy a apreciar, porque voy a estar reclutada en un hotel hablando de economía, política y del defectuosísimo sistema al cual me veré obligada a criticar de manera eufemística (¿existe esa palabra?) para no ofender a ningún partidario de los paraísos fiscales. Ese negocio que tanto enriquece a los ricos y tanto empobrece a los pobres.
Mmm... Después de tanta sátira ácida -hasta para mí, después de releerlo-, pienso que tal vez estaría bueno decir algo bueno de toda esta aventura que se avecina. Seré firme, clara y concisa: Voy a hablar, voy a aprovechar que mis ideas serán escuchadas y productivas -o eso espero- y les voy a dar con un caño a los nenes de papá que vayan con sus súper camisas de Lacoste dispuestos a comerse el mundo. Pasado mañana el mundo me lo como YO.
¡¡¡Bon voyage Maguita!!!

P.D.: Queridísimo y apreciado lector, si es la primera vez que usted tiene la no-suerte de leer estas cosas que escribo, no se espante. Le suplico continúe con alguna otra entrada anteriormente publicada y creo que resultará un poco menos violenta que la recientemente escrita. Esta no es más que un arrebato de las hormonas adolescentes sobre cuales afirmo fehacientemente y doy fe: últimamente me sacan de mis cabales.

martes, 22 de diciembre de 2009

Contienda de mis yo.


  • Inmensa como un muro fuerte.
  • ¡Resistente!
  • ¿Imbatible?
  • Triunfadora
Tengo en mi bolsillo casi todas las metas cumplidas, por lo menos todas las que esperaba alcanzar. No me defraudé, ni tampoco -hasta el momento- creo haber defraudado a nadie que no sea a mí misma. (Señoras y señores, con ustedes: las paradojas de mis letras -o de mi vida.-)
Habiendo recapitulado, entonces, todas estas cualidades (según las llama la gente, no es que yo piense que lo sean) creo que sí... Me sentía así hasta hace un rato.
Pude, sin embargo, percibir el hedor de una calma que, complaciente como todas las calmas, me espiaba desde un rinconcito. Entonces ese mismo hedor se acercó de puntillas hasta mi nuca y amagó y sopló despacio y me dijo suavemente: "Vas a recordar lo que verdaderamente es ser vos."
Y a partir de ese momento dejé de ser inmensa, resistente, tal vez imbatible, para nada triunfadora. Devine en otro ser completamente alterno, paralelo y rondante. Todos se dieron cuenta de que quien allí sentada hincaba su mirada en un punto fijo ya no era yo. Era mi otro yo que echaba de menos "Esta(-)pena" y decidió hacerme una visita, obligándome a ausentarme durante un período indefinido de tiempo, jugando con el rostro cuya expresión vacante esperaba un alma que lo habitara.
Para que ustedes me entiendan mejor voy a intentar definir esta nueva persona que me habita, quien dueña de mi cuerpo y de mis actos, quien dueña de mí, no soy yo:
  • Diminuta, como los juguetes en miniatura que los niños tienen como cliché introducirse en la nariz.
  • Aplastable y blandengue.
  • Perdedora.
  • Insignificante.
¿Qué tal cómo les va todo bien? Me llamo Auto-no-estima y según la "Irreal Academia de Ninguna Parte" consisto básicamente en una "Desvaloración negativa sobre uno mismo". Me dedico a buscar individuos al azar y me centro en aquél cuyo brillo de ojos denote más susceptibilidad, entonces camino de puntillas, lo saludo cuando éste aún está de espaldas y sin más rodeos me introduzco en él. A veces me cuesta un poco hacerme mi lugar entre tanta alma y sentimientos y tontería, -quien más trabajito me da es la fortaleza mental-, pero al final siempre me las apaño para desplazar todo aquello que pueda despertar el más mínimo atisbo de gozo, y una vez acomodada apoyo un pie en cada hombro y comienzo a saltar. Con la mayor cantidad de energía posible, así me aseguro de que el elegido perciba mi trabajo en las condiciones que corresponden, no sea cosa que reciba quejas de la clientela.

Hola, soy yo otra vez. Bueno, no exactamente yo, ahora mismo escribe mi otra persona, grabando en un grito de abecedario el suplicio en el que se ve encorralada.
Si les digo la verdad... No me preocupa. Sé que mañana me voy a levantar, cada pestaña de a poquito se irá despegando sin dificultad de su homóloga inferior y otra vez seré yo y me sentiré bien...

...

Ja, no os lo habéis creído a que no. ¡Yo tampoco! Mañana me voy a levantar, con sueño, con dueño, con quejas, y seguiré igual de chiquita y aplastable... Como esa hormiguita de la que te hablé una vez... ¿Te acordás?
Me parece -y creo estar ciertamente en lo cierto- que toca resignarse. En eso encuentro mi verdadero yo: En una masa de sustancias abstractas (algunos lo llaman personas, pero suena un poco vulgar, ¿no les parece?), inestable y eternamente titubeante como nadie. ¿Qué culpa tengo yo de no ser lo que querría ser? ¿Qué culpa tiene el tomate...? [Estás en todas partes.-]
Pero aún así me elijo. Te elijo. Elijo el nosotros y elijo a alguien que se hace llamar Magui, que se quiere un poquito y se odia mucho más.
Débil o ganadora, ¿a quién le importa? Yo ya elegí. ES LO QUE HAY.

lunes, 7 de diciembre de 2009

S e m e g a s t a r o n l o s b e s o s.-

Como cuando era peque. ¿Hoy en día se podrá recargar?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Parodia amistosa al invierno.



Hoy inevitablemente toca. Ya por la mañana el pelo mojado provoca que el vello de mis brazos se erice mientras que un escalofrío helado me sopla despacito en la nuca. Me doy cuenta de que tengo frío y de que esa sensación pega más fuerte que el estremecimiento engendrado por la canción que suena en mis oídos.
Bueno. Al mediodía todo parece ser cálido otra vez. La chaqueta de algodón -finita y desteñida- cuelga de mi mochila arrastrada por la fatiga de una cuesta irrevocable... Pero entonces llego a casa, y ya sin cuesta ni mochila, el cuerpo no me pesa y es entonces cuando, otra maldita vez, exhala en mis adentros el escalofrío matutino -ya vespertino, crepuscular, naciente-.
Al comienzo de mi día abro las puertas del armario y me debato entre la más desagradable disputa que se levanta entre la ropa: Ahí la veo, calladita, se ríe de modo un poco cruel. Sabe que tarde o temprano me va a ganar, y voy a tener que descolgarla, cortarle la etiqueta y entonces (aunque no quiera) usarla. Sí, la CAMPERA -o sea "chaquetón", lectores ibéricos- me llama. Sus botoncitos marrones señalan la ventana y observo a través de ella que no hay sol, no hay playa, no hay sandalias, no hay... ¡¡El invierno se lo come todo!!
¿Acaso soy el único ser viviente al que le afecta sobremanera el cambio natural de estaciones?Creo que el calentamiento global y yo podremos ser grandes amigos (el Protocolo de Kioto no es más que hipocresía política, nadie lo cumple). De hecho, mi nuevo aliado ya me proporcionó sequía hasta bien adentrado el mes de noviembre. ¿No es eso algo de agradecer para alguien como yo? Aplazo así el cambio metabólico y anímico que supone tener que abrigarse.
Bah... ¿A quién voy a engañar? Si ahí las veo, a sus garras, su sarna, su risa malévola se infiltran entre mis sábanas haciéndolas finas e insuficientes, y entonces abro el baúl y extraigo de él un elemento un poco inflado y muy calentito: el acolchado -leyente hispano lo siento, hago referencia al edredón-.
Ahora me voy, porque el invierno me llama a la calle y los botoncitos marrones gritan que este es por fin el momento de estrenarlos. No importa, el orgullo se refortalecerá dentro de unos meses... ¡Hay que ver cómo se burlan!

martes, 10 de noviembre de 2009

Hey Jude - The Beatles

lunes, 9 de noviembre de 2009

Borracha, perdida, miedosa.

Hoy te dudo. Me escondo en el resquemor que solía atemorizarme a mí, en esos tiempos cuando la sábana sutil de mis pasiones amamantaba nuestros pies desnudos. Ahora yo toco su puerta cual verdugo con su cuchilla. Limpieza perecedera yace en el filo.
Porque las entrañas ya no tienen fuerza ni valor (aún menos que el que nunca tuvieron). Porque en la saliva, que se funde como plata, como ratas, como un abra cadabra de la mag(u)ia que extraño, ya no soy yo quien disuelve su lengua en busca del clamor pequeñito que se te cayó del bolsillo, por el camino, se escapó con un hato, chiquitito, a cuestas.
Te recorrí de uñas a pestañas, pocos licores y mucho veneno me tomaron, me bebieron; los quise tocar, los quise lamer, los quise... Te busco la arena en los poros de mi mal, me busco exhausta en el ahogo de un abrazo ausente. Camino en círculos porque sé que sus vértices me deparan la sorpresa denunciante de mi culpa, de mi alma –mustia-...
No sé. Oteo horizontes en estas uñas huesudas ritmosas penitentes incrustadas. Oteo una vida sin, desespero ante ella y me echo atrás. Con los licores de antaño me emborracho en tus pupilas, moreno telón de mis remembranzas: adictiva agua me inyecto en ellas. Buenas noches.